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Thursday, August 04, 2011

discurso en el paréntesis III

Discurso del paréntesis. III
Yo – Está bien Sr., aunque no comparta mucho con sus apreciaciones, discúlpeme ¿no?, y si ahora me da permiso me voy a realizar esa inspección, que según la hora necesitaré joras extras.
El – ¿Horas extras?, No, déle vuelta con las horas que dispone, y deje de pensar en actividades que aumentan los costos.
Yo – Después de ese día nos volvimos a cruzar varias veces por cuestiones de trabajo, pero además habíamos generado una especie de atracción morbosa entre nosotros, después de un tiempo pude ver que con el único objeto de agredirnos, de enfrentarnos, porque en honor de la verdad cuando los jefes intermedios se enteraron que andaba peguntando por ellos y sus tardanzas y ausencias, comenzaron a hacer coincidir ausencias y presencias con sus ausencias y presencias, armadores de la interminable y aggiornada cadena de la burocracia, cadenas de rangos tareas establecidas restablecidas, la cuestión es que él en los sucesivos encuentros continuó con sus frases grandilocuentes, con sus opiniones con sus consejos, y yo siempre escuchándolo como buscando en eso ni alter ego, mi otro yo, como si sus largas disquisiciones fueran como agua que despacio y persistentemente colmaran un oculto depósito dentro mío, de dudas de miedos de mierda, de palabras ajenas a los comportamientos posteriores, como si se dijera una cosa y se hiciera otra, como uno más de los miles de personajes que deambulan por ahí, con grandes definiciones y escasas explicaciones de las mismas, en lo personal invariablemente su asenso en el escalafón era simultáneo a mi descenso en el mismo, ahí iba quedando él Plus Juan Perfecto en medio de interminables Plus Quan Perfectos, que pudo ser en ese entonces Juan Burócrata, o Juan el Supremo, siempre por encima o arriba de todos y de todo.

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