Trago largo – VI –
Supo que se llamaba María como las otras Marías, como la Marías que inspiran millones de canciones, como la virgen que ayuda así el peregrino no vaya a misa desde que tomó su primera comunión, supo de su boca que no pasa los veinticinco la edad del esplendor cuando todas la hormonas andan revolucionadas aunque uno no lo sepa, la edad del esplendor y de los brotes el galán de los galanes sabe de todas esas lecciones aunque de las lecciones de la escuela poco o nada, el padrillo que últimamente tenía poca o ninguna relación con compinches porque tuvo muchas desilusiones, que en realidad amiga no tiene ninguna y que decidió salir a bailar porque esto le encanta por encima de las personas, pocas palabras insignificantes expresiones, de todos modos suficientes para el lince que agudizó su sentido de la solidaridad insinuando que a estas dificultades hay que tomarlas como un buen augurio para el futuro de una relación apenas iniciada, pocas palabras y muchos mensajes contenidos en los contactos esporádicos a través de las manos, en miradas que se repiten de avances continuados y amor a primera vista.
Con la luz del día filtrándose por pequeñas y elevadas ventanas, claraboyas inalcanzables allá bien arriba que no servirían para airear si hubiera incendios, con la luz del día despuntado en la última arena pisada de la trasnoche y de la diversión, el majestuoso tuvo que hacer lugar al pedido de ella para que la acompañara hasta una esquina cercana, lo que al excelso le tocó le trastocó por unos momentos los planes, antes de someterlos a un nuevo e impecable diseño de su parte, él está preparado para todo más cuando se trata de probabilidades de ligar algo de amor o de sexo, los planes y la cronología de nuevos encuentros que prepara ahora más que otras veces por lejos, adecuando a sus nuevas a sus inmediatas obligaciones las otras, las de antes, la continuidad de la jarana masculina del domingo y etcétera y etcétera, en su informalidad radica su formalidad, en su espontaneidad su programación, que para el caso hubiera sido comenzar a incursionar en el mundo de aquella niña por la que a esa altura hasta puede resignar sus libertades sus independencias, quiere acopiar los primeros e importantes datos, da la casa de su familia de su trabajo, de quien en su ilusión de hacedor de la magia como él, lo es como ella que está convertida no en una conquista más del maestro de todos, sino en el objeto de una distinción para él mismo especial y a perdurar en el tiempo.
Decidió el itinerario de la jornada que empieza esquemático como es, de la mega a la casa para avisar a los viejos, de la casa a la casa del compañero donde se hace el aguante con los otros chabones, de esa casa al dique donde además de compartir el asado se hace algo de natación y todas las otras actividades más para impresionar a los otros que por espíritu deportivo porque se transpira la resaca, del dique a casa al atardecer, y de casa a la casa de ella, se lo dijo y lo recuerda, sin que ella lo asintiera cuando la dejó en esa esquina misteriosa, lo recuerda, y la recuerda sin su consentimiento como si no le importara, como si le diera lo mismo que volvieran a verses o no cuando se despidieron, en esa misma esquina oscura con poco tránsito donde la dejó, durante esos instantes en que ella le correspondió a todos menos a algunos de sus requerimientos surgidos de un amor que promete para los dos, cuando compadrito y como demostrando un arrojo que él sabe que no tiene ni conoce, se sacó la campera para ponérsela en los hombros y protegerla del rocío.
Terminado el día que algunos dicen que es el séptimo y otros el primero de la semana, observó mucho a la mujer que lo atendió en la entrada de la casa, y la escudriñó y la miró con la onda de quien piensa esta es mi suegra, el campeón entusiasmado se acelera como acelera su enduro, sensación de momento y de seguridad que le permite explicar, medir y mentir, en una conversación que duró más de lo que hubiera querido, una charla que lo dejó así por dos cuestiones le contó días después al del espejo, primero que la dirección que le diera la deidad era cierta, él estuvo en ese lugar sin resacas lúcido como pocas veces, y segundo que la cenicienta había fallecido hacía como cinco años según el chisme que salió de la boca de la vieja, y que por lo tanto la senil no le entendió ni un pomo de los poco o mucho que el le quiso explicar de su encuentro con la dama que a la otra ni le interesó, que además le dijo que qué tiene que preguntar qué explicar qué averiguar o meterse en cuestiones que no le importan, que debe haberse equivocado y que se fuera con la sanata para otro lado que ella ya tiene bastante con haber perdido a su hija, y que dejara de preguntar porque ella no sabe nada de ninguna campera.
El coloso quedó de tan mal humor que desde ese día se ausentó definitivamente de los lugares frecuentados, por los que pasaba rasante en esos vuelos pegando al asfalto las ruedas de su enduro, y desde ese día poco más poco menos sigue tomando su trago largo en el neuro.

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