Psicoanálisis de cronopio que se tira a psicólogo pero no es más que un fama viejo y loco, en mis pasillos de dédalo perdido anduve como es mi costumbre ayudado a veces por algunos en los caminos sinuosos de las pocas certezas de las muchas confusiones deambulando los espacios del moderno chalet de florida cincuenta y dos número cuatro de mis medios de mis lugares en el embrollo que sirvió de arquitectura portante a muchos de mis peores momentos al menos si alguien me hubiera preguntado si quería estar en el medio, aunque no se porqué le sigo diciendo así porque moderna fue esa casa hace como cuarenta años entonces cuando jugamos en su patio tomando en decenas de sábados y de domingos el olor de la gramilla seco o húmeda que se pegaba en mi ropa y en nuestras ropas si contamos a mis hermanos que en esos días estuvieron cerca cada uno en sus legendarias peleas de minotauros o unicornios ellos también cuando estuve vencido en los rescoldos minotauro engreído y en potencia en todo caso porque fuimos niños bien niños que no necesitamos ser grandes de golpe confundido antes de comenzar a dar pelea de mis dudas de mis traiciones de mis trastabilladas más que de las otras, como una cábala fue parte de mis presencias en las infinitas de las posibles salidas que fui creyendo excelso consentido unicornio jerarquía superior de mi propio mundo de encontrar las novedades de toparme con los descubrimientos con las improvisaciones y que no eran más que parte de la utilería de la vida puras fachadas de cosas gruesas, de esa vida de cetáceo o lo que es lo mismo esa o cualquiera que no eran salidas sino entradas a los mismos enredados lugares de siempre y aún más espinosos como si las mismas enredadas enredaderas o los árboles frutales que entonces marcaron algunos caminos fueran curtiéndome de alguna forma con el paso de los años, cincuenta y dos veces después me daría con ese cincuentaidos de varias maneras y aunque esa fuera la peor de todas las peores maneras y fuera a costarme dinero por mis supersticiones en esa casa de florida todavía chico de la cabeza porque ya no lo fui más de tamaño o tal vez miedoso que lo seguí siendo para darme con las verdades viví con el lío más grande de esos dos tipos que amé mucho hasta que partieron improvisadores tímidos miedosos igual que yo probablemente niños grandes tal vez y también que enredados como Teseo y otros en creta incluyeron a otros entre otros a un amigo mío no se si realmente un amigo porque a la larga los amigos o no lo son o son como los parientes por ahí mejor que los parientes, ahí me quebré sin entender los desaforados gritos de él que le gritaba de cualquier cosa los murmullos de explicaciones de ella que se quedaba callada mientras el otro le gruñía el que calla otorga la figura ausente del conocido y presente de ese amigo allegado compañero de juegos que no vi más yo me enojé pero él parece que estaba más enojado y así terminamos aquello que no se qué habrá sido, no de inocente porque entiendo que poco lo fui después de ser un niño feliz ahí me quedé más que enfurecido peleando con todo el mundo y de ese mundo con todas las mujeres que entonces no estaban en mi horizonte pero estuvieron y muchas en el horizonte de mis futuros castigándolas probablemente por lo que yo fui castigado entonces no sé si por él por ella o por el tercero en discordia o por mí mismo que es posible, qué lado complicado de la confusión fue ese si los hubo sin salidas rincones que ahogaban con solo quedarse parado, si habré tenido sofocones también mezclados con momentos gratos divertidos que de todas maneras se fueron dando en otros rincones de los mismos cadalsos de esa casa mi geografía parte de mis itinerarios mis mapas mis recorridos que de pronto también dejo de ser cuando fue Rivadavia catorce.
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Saturday, February 05, 2011
laberintos de locos cronopios y famas laberintos que los que dicen que son cuerdos no reconocen
Psicoanálisis de cronopio que se tira a psicólogo pero no es más que un fama viejo y loco, en mis pasillos de dédalo perdido anduve como es mi costumbre ayudado a veces por algunos en los caminos sinuosos de las pocas certezas de las muchas confusiones deambulando los espacios del moderno chalet de florida cincuenta y dos número cuatro de mis medios de mis lugares en el embrollo que sirvió de arquitectura portante a muchos de mis peores momentos al menos si alguien me hubiera preguntado si quería estar en el medio, aunque no se porqué le sigo diciendo así porque moderna fue esa casa hace como cuarenta años entonces cuando jugamos en su patio tomando en decenas de sábados y de domingos el olor de la gramilla seco o húmeda que se pegaba en mi ropa y en nuestras ropas si contamos a mis hermanos que en esos días estuvieron cerca cada uno en sus legendarias peleas de minotauros o unicornios ellos también cuando estuve vencido en los rescoldos minotauro engreído y en potencia en todo caso porque fuimos niños bien niños que no necesitamos ser grandes de golpe confundido antes de comenzar a dar pelea de mis dudas de mis traiciones de mis trastabilladas más que de las otras, como una cábala fue parte de mis presencias en las infinitas de las posibles salidas que fui creyendo excelso consentido unicornio jerarquía superior de mi propio mundo de encontrar las novedades de toparme con los descubrimientos con las improvisaciones y que no eran más que parte de la utilería de la vida puras fachadas de cosas gruesas, de esa vida de cetáceo o lo que es lo mismo esa o cualquiera que no eran salidas sino entradas a los mismos enredados lugares de siempre y aún más espinosos como si las mismas enredadas enredaderas o los árboles frutales que entonces marcaron algunos caminos fueran curtiéndome de alguna forma con el paso de los años, cincuenta y dos veces después me daría con ese cincuentaidos de varias maneras y aunque esa fuera la peor de todas las peores maneras y fuera a costarme dinero por mis supersticiones en esa casa de florida todavía chico de la cabeza porque ya no lo fui más de tamaño o tal vez miedoso que lo seguí siendo para darme con las verdades viví con el lío más grande de esos dos tipos que amé mucho hasta que partieron improvisadores tímidos miedosos igual que yo probablemente niños grandes tal vez y también que enredados como Teseo y otros en creta incluyeron a otros entre otros a un amigo mío no se si realmente un amigo porque a la larga los amigos o no lo son o son como los parientes por ahí mejor que los parientes, ahí me quebré sin entender los desaforados gritos de él que le gritaba de cualquier cosa los murmullos de explicaciones de ella que se quedaba callada mientras el otro le gruñía el que calla otorga la figura ausente del conocido y presente de ese amigo allegado compañero de juegos que no vi más yo me enojé pero él parece que estaba más enojado y así terminamos aquello que no se qué habrá sido, no de inocente porque entiendo que poco lo fui después de ser un niño feliz ahí me quedé más que enfurecido peleando con todo el mundo y de ese mundo con todas las mujeres que entonces no estaban en mi horizonte pero estuvieron y muchas en el horizonte de mis futuros castigándolas probablemente por lo que yo fui castigado entonces no sé si por él por ella o por el tercero en discordia o por mí mismo que es posible, qué lado complicado de la confusión fue ese si los hubo sin salidas rincones que ahogaban con solo quedarse parado, si habré tenido sofocones también mezclados con momentos gratos divertidos que de todas maneras se fueron dando en otros rincones de los mismos cadalsos de esa casa mi geografía parte de mis itinerarios mis mapas mis recorridos que de pronto también dejo de ser cuando fue Rivadavia catorce.
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