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Thursday, February 03, 2011

dibujos de cronopios piratas o famas elegantes en geografías de colapsados y tristes sin remedio

Dibujos del pirata cronogramas de cronopio diagramado en su geografía de cronopio fracasado y fama sin remedio, las primeras noticias de los líos y las encerronas curvas ángulos rectos que andan encima de uno cosas pesadas en el alma el espíritu abatido de a ratos acertijos preguntas como si fueran mochilas todo el tiempo unas veces más pesadas otras veces más livianas, las primeras crónicas las tuve en los patios de dos casas de la avenida libertad con los números treintainueve y cincuenta en sus frentes porque se trataba de casas que estaban en veredas diferentes, en realidad no estoy muy seguro de esas numeraciones pero si no fueran esos los números seguro que le pego en los palos y si no le pego en los palos tampoco importa a este cuento porque me juego que ya las demolieron en ese pueblo donde se demuele con la misma intensidad y voluntad con la que se construye, confort cambiado por laburo casas que pasan a ser cañaverales viviendas a fábricas o a baldíos que fueron canchas del fútbol nuestro de cada día por esos días lotes por oficinas plazas por máquinas barras bravas por obreros todo el tiempo mutaciones que mutan los escenarios y mutando a uno lo entretienen como me entretuve yo el tiempo que vivimos en esas construcciones de los cuarenta, las primeras nociones las tuve en esas casas que estaban sobre esa avenida que a contramano de la casualidad con el nombre fue para mí como un símbolo rudimentos de mis porvenires en los desfiles de las fiestas patrias las quermeses del cura y los furiosos carnavales que empezaban en seis noches de corsos al menos ordenados de corzos nosotros algunos disfrazados, un símbolo una señal porque gané muchas cosas como perdí otras tantas pero nunca con cadenas en las muñecas en todo esos trayectos confusos de las altas ligustrinas de las tupidas enredaderas que formaban las paredes de sus calles los muros de sus pasadizos sus bulevares matas que oscurecen y aclaran la visión, andando por esos pasos sin saber muy bien adonde fuera gané y perdí otras tantas muchas pero si hay algo que conservé, fueron aquellas autonomías de horas de vuelo sin alas de cera que se me incendiaran por calor y nada que tuve desde entonces casi una libertad de niño que no sabe lo que es la libertad pero que la ejerce, casi por las mismas razones que hoy me acercan al niño que alegre o triste aún me habita y me acompaña, fui feliz en las habitaciones y los patios de esas casas fui muy feliz aunque no fuera muy consciente, ahí fue infinita la cantidad de preguntas sin respuestas casi unos cohetes buscapiés infinitos que se prendieron unos tras otro de estación en estación año tras año como los pantallazos de sucesos argentinos todo era noticia todo novedad todo instante lo de hoy servía o no servía para mañana pero lo que quedaba de esa maraña iba sirviendo para enterarse de qué cosas hablaban los más grandes, que no eran solamente dos los sexos por lo menos entre muchachos que gustaron de otros muchachos, para darse cuenta que algunos vivían de fiesta en fiesta mientras otros trabajaban como podían, de pronto en una curva el transcurrir en una contra curva el universo esas pequeñas cosas que eran mi vida comenzó a ser sin que me diera mucho cuenta en un moderno chalet de florida cincuenta y dos número del cual me acuerdo bien porque como una cábala fue parte de mis presencias en las infinitas de las posibles salidas que fui creyendo de encontrar y que no eran más que parte de la utilería de la vida o lo que es lo mismo no eran salidas sino entradas a los mismos enredados lugares de siempre y aún más espinosos como si las mismas enredaderas o los árboles en flor fueran curtiéndose con el paso de los años, cincuenta y dos veces después me daría con ese cincuentaidos de varias maneras y fuera a costarme dinero por mis supersticiones en esa casa de florida todavía chico de la cabeza porque ya no lo era de tamaño o tal vez miedoso que lo seguí siendo para darme con las verdades viví con el lío más grande de esos dos que amé como ellos me amaron a mí por un tema de cuernos que mucho después un poco a los tumbos apenas entendí y que además involucraba a mi amigo más cercano, qué lado complicado de la galimatías fue ese si los hubo sin salidas que ahogaba con solo estar parado, si habré tenido sofocones también mezclados con momentos gratos divertidos que de todas maneras se fueron dando en otros rincones de los mismos cadalsos de esa casa que de pronto también dejo de ser, hoy supongo sin haberlo preguntado fue la manera que tuvo él el que tanto me amó sin condiciones para olvidar y hacer olvidar a ella de lo que fuera que yo no suponía ni pude suponer que se propusieron olvidar casa nueva mundo nuevo fue Rivadavia catorce el primer lugar de mis conquistas de joven nueva ola allí gané espacio y tuve mi dormitorio propio una buhardilla que mi madre con bastante amor arregló lo mejor que pudo consiguiendo que en esos días me sintiera casi un príncipe en un castillo de privacidad con revistas sea y los primeros libros que fui leyendo conociendo a los tumbos s Stevenson y a los cuentos de Dickens, los siguientes cúmulos limbos de noticias de los líos y de los encierros voluntarios de bohemio enamorado de dos o tres damas amores platónico de mucho cerebro y pocas manos tocando lo que quise tocar y no hice en curvas de vírgenes o inocentes niñas que fueron nuestras primeras amigas ángulos rectos que andan encima de uno metidos en el alma acertijos como si fueran mochilas todo el tiempo unas veces más pesadas otras veces más livianas, crónicas de las primeras desilusiones igualmente de las ilusiones de los sueños húmedos de hacerme la cabeza de soñar y levantarme como príncipe los tuve en ese caserón que fuera casi una mansión para la familia que fuimos apenas de cinco, casi lo opuesto de la casa y el lote que a él el que mucho me amó le tocó por sorteo de un plan de viviendas cuando fue el tiempo de éxodo grande cuando los coyas pasaron del lote al pueblo del pueblo a las ciudad con juez de paz y todo, la casa de los jazmines trescientos veintidós que llamamos tres veintidós fue el fugaz refugio de mis primeras seguridades que terminaron siendo inseguridades en medio de ese barrio jardín que todavía debe de tener huellas mías en cuanto boliche haya en los alrededores mi laberinto siguió con puyeyrredón nueve cincuenta y dos en otras geografías donde fui tal vez un poco menos feliz aunque continué caminando divertido y mujeriego como me hice como si fuera un profesión con juramento y todo, en estos líos de recodos, atajos infiernos y vueltas pasé por sarmiento y entre ríos dos avenidas en el corazón de la linda y como si fuera un remolino caseros cien, suipacha veinticuatro fueron mis domicilios de grande ensayando a ser padre en esos laberintos de la vida girando por carriles iguales o distintos, españa cien, corredor cuarenta segunda etapa del barrio casino santiago del estero al cuatrocientos fueron los pasillos las calles anchas o angostas de mucho tiempo, sin nombre de calle sin número el lugar de mis peores pesadillas en el barrio belgrano un pasillo después un bulevar bonito, conteniendo en cemento y ladrillos mis infinitas mutaciones igual de libre más triste menos entretenido sin mis padres ya con hermosos hijos pasé por otra seguidilla en el barrio de tres cerritos para terminar en irigoyen veinte casi el infierno codo donde pasé mis peores vergüenzas, mendoza después sin domicilios en épocas de trueques y desmanes de los desmanados que siempre nos gobiernan, las últimas noticias de los líos y las encerronas curvas ángulos rectos que andan encima de uno como si fueran mochilas todo el tiempo unas veces más pesadas otras veces más livianas, las últimas crónicas las tuve en ayacucho trescientos siete y en boulogne sur mer en los aires de buenos aires que inundaron mi interminable mi querido laberinto.

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