Cronopios y famas llenos de vida que de golpe dejan de tenerla, chiquilines inquietos bulliciosos escuchadores de cuentos eso fuimos y él un contador de los cuentos que pedimos, una frente despejada de pelos y unos ojos marrones y demasiado grandes fueron los sellos de esa cara puntiaguda por donde se la quisiera mirar sea que uno lo hiciera desde el mentón en adelante o comenzara con la vista el viaje empezando por algunos de sus maxilares bien marcados, sus cejas se arqueaban si entraba en los misterios y guiñaba un ojo y se rascaba la cabeza armando los chistes las francas aventuras con madonas en burdeles de puertos, en esa cara grandota y ampulosa sobresalían irremediablemente su nariz aguileña de fosas inmensas y dos orejas como mariposas inertes sin vuelo a los costados de su cabeza, partes impresionantes si entraba en los arcanos de viejas estaciones escondido de las milicias o graciosas partes cuando simulaba los payasos o los juglares gitanos que conoció en su lejana tierra, el viejo revivía en cada gesto que armaba con todas las partes posibles de su cuerpo, una boca despejada de dientes y dos pómulos ampulosos fueron el marco de unos bigotes finitos parejos y prolijos fueron los adornos propios cuidados por el movedizo Don Giovanni, una camisola blanca impecable y una estatura que estuvo entre la de un niño y su padre, de ese cuerpo diminuto y brazos plagados de nervios que dibujados lo pintaban todo hasta sus manos con un color entre azul y rojo y las comisuras de pellejo libre que el azar dejaba en medio de su contextura huesuda, fueron parte del porte la prestancia y de la elegancia permanente de Don Giovanni, charlador de profesión peluquero de zapatos lustrados y peinado a la gomina aunque fueran pocos los pelos amontonados en su nuca, peluquero de profesión charlatán contador de cuentos de cruentas aventuras, un cuento dos cuentos tres cuentos nos habrá contado una docena dos a lo mejor tres docenas, de él escapándole a la guerra de un muchacho que apenas recordaba corriendo por la campiña de una Italia lejana de varios caminos en territorios suecos y helvéticos, no porque faltara coraje siempre lo aclaraba sí por la supervivencia, fantástico encargue natural que le dio una madre que le dijo que él no estuviera en esas cuestiones que las guerras son cosas de adultos y avivados, parado al lado de su sillón recorriéndolo una y otra vez en circunvalaciones infinitas él nos fue contando en cada descanso de las docenas de cortes americanos que nos hizo, contando cantando sus tristes canciones recitando pedazos de estas son las mañanitas u oh sole mío o Venecia sin mi o la primera que se le ocurriera en cada momento de las jornadas de Don Giovanni, chiquilines inquietos bulliciosos escuchadores de cuentos eso fuimos y él un contador de los cuentos que pedimos, hasta que alguien nos dijo que había fallecido, nos quedamos en silencio nos quedamos sin sus cuentos, chiquilines indolentes y silenciosos eso fuimos entonces.
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Thursday, February 10, 2011
cronopios y famas llenos de vida que de golpe pasan al vacío de la muerte
Cronopios y famas llenos de vida que de golpe dejan de tenerla, chiquilines inquietos bulliciosos escuchadores de cuentos eso fuimos y él un contador de los cuentos que pedimos, una frente despejada de pelos y unos ojos marrones y demasiado grandes fueron los sellos de esa cara puntiaguda por donde se la quisiera mirar sea que uno lo hiciera desde el mentón en adelante o comenzara con la vista el viaje empezando por algunos de sus maxilares bien marcados, sus cejas se arqueaban si entraba en los misterios y guiñaba un ojo y se rascaba la cabeza armando los chistes las francas aventuras con madonas en burdeles de puertos, en esa cara grandota y ampulosa sobresalían irremediablemente su nariz aguileña de fosas inmensas y dos orejas como mariposas inertes sin vuelo a los costados de su cabeza, partes impresionantes si entraba en los arcanos de viejas estaciones escondido de las milicias o graciosas partes cuando simulaba los payasos o los juglares gitanos que conoció en su lejana tierra, el viejo revivía en cada gesto que armaba con todas las partes posibles de su cuerpo, una boca despejada de dientes y dos pómulos ampulosos fueron el marco de unos bigotes finitos parejos y prolijos fueron los adornos propios cuidados por el movedizo Don Giovanni, una camisola blanca impecable y una estatura que estuvo entre la de un niño y su padre, de ese cuerpo diminuto y brazos plagados de nervios que dibujados lo pintaban todo hasta sus manos con un color entre azul y rojo y las comisuras de pellejo libre que el azar dejaba en medio de su contextura huesuda, fueron parte del porte la prestancia y de la elegancia permanente de Don Giovanni, charlador de profesión peluquero de zapatos lustrados y peinado a la gomina aunque fueran pocos los pelos amontonados en su nuca, peluquero de profesión charlatán contador de cuentos de cruentas aventuras, un cuento dos cuentos tres cuentos nos habrá contado una docena dos a lo mejor tres docenas, de él escapándole a la guerra de un muchacho que apenas recordaba corriendo por la campiña de una Italia lejana de varios caminos en territorios suecos y helvéticos, no porque faltara coraje siempre lo aclaraba sí por la supervivencia, fantástico encargue natural que le dio una madre que le dijo que él no estuviera en esas cuestiones que las guerras son cosas de adultos y avivados, parado al lado de su sillón recorriéndolo una y otra vez en circunvalaciones infinitas él nos fue contando en cada descanso de las docenas de cortes americanos que nos hizo, contando cantando sus tristes canciones recitando pedazos de estas son las mañanitas u oh sole mío o Venecia sin mi o la primera que se le ocurriera en cada momento de las jornadas de Don Giovanni, chiquilines inquietos bulliciosos escuchadores de cuentos eso fuimos y él un contador de los cuentos que pedimos, hasta que alguien nos dijo que había fallecido, nos quedamos en silencio nos quedamos sin sus cuentos, chiquilines indolentes y silenciosos eso fuimos entonces.
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