Famas y cronopios mal acostumbrados que se resisten a cambiar las costumbres entonces siguen mal acostumbrados sin hablarse, los claveles tres veintidós fue eso, otro sí otro no sin estaciones intermedias, los claveles tres veintidós fue eso no saber si se trataba del inicio de un laberinto nuevo o la continuación del laberinto de siempre de ese laberinto de toda la vida que con el paso del tiempo se complicaba más con curvas que llevaban a salidas falsas con pasillos rectos interminables o pasadizos sinuosos que no llevaban a ningún lado, para ella fue pasar de mansiones concedidas por los dueños de la empresa a empleados jerárquicos a una casa de barrio, un despropósito social una vergüenza para una mujer altiva aunque no marcara las diferencias para ella significó juntarse en barrios urbanos con los bolivianos tenerlos como vecinos a esos negros que se bancaban varias veces en el año en la escuela en las kermeses y en los desfiles de las fiestas patrias en los corsos y en los bailes de carnaval en el sindicato, ella que habrá sido pobre pero que fue criada como una princesa, para ella significó bajar de estatus ellos fueron también parte de ese éxodo por el que de un día para otro pasaron de sus chozas inmundas a viviendas de materiales para ella fue todo eso del pueblo a la ciudad naciente, de las reuniones sociales con invitados selectos a equipararse con la chusma, los claveles tres veintidós en el nuevo barrio el jardín fue el lugar donde más se confirmó aquello que todos sabían pero nadie hablaba en la intimidad de la familia nadie pronunciaba palabra al respecto, fue la confirmación que entre ella y él había un matrimonio perfecto tan perfecto que entre ella y él no había ni un sí ni un no nunca entre ellos un sí ni un no un matrimonio perfecto del pórtico de la casa para afuera porque para adentro cada uno de los que anduvieron por esos lados sabían muy bien que este enunciado era verdadero pero al revés de lo que podían suponer los de afuera, un matrimonio perfecto porque era exagerado de imperfecto, los trapos sucios se lavan en casa decían en cada minuto en el que se iniciaba una nueva rencilla, entre ellos no había ni un sí ni un no, había docenas de sí y docenas de no, cientos miles millones de sí y millones de no en cada una de las situaciones pequeñas o más importantes de las decisiones cotidianas, como ésta mínima del cambio de casa sostenía él defendiendo su posición frente a ella cómo va a preferir una mansión prestada a ser propietaria de una vivienda por humilde que esta sea le preguntaba él que pensaba que aunque estaban acostumbrados a los espacios grandes que al mantenimiento lo recibían sin costos había que acostumbrase a tener lo propio ir agrandándolo día a día, mientras haya dos brazos o cuatro y salud decía todo está bien, bastaba que uno dijera negro para que el otro alegara que en realidad e trataba de un blanco furioso, bastaba que uno consintiera par que el otro asintiera o disintiera en cualquier caso, una secuencia de peleas vedadas anunciadas que arruinaban sistemáticamente docenas, incontables miles de almuerzos de los domingos o repetidas y supuestas tardes apacibles de los sábados de descanso por semanas desgastadoras, los claveles tres veintidós el barrio del jardín durante los setenta en el éxodo que negociaron los patrones del ingenio con los milicos de antes y los que llegaron con el proceso de reorganización nacional fue eso, entongues en medio de los despelotes de la guerrillas y de los milicos que enfrentaban los ataques mientras los demás se hacían los distraídos, probablemente el nudo de un nuevo laberinto que se iniciaba la noche oscura por adelante el rumbo perdido con los agoreros y mentirosos de siempre, tal vez fuera una parte de ese desconocido y aún en ciernes laberinto de la vida que se iba resolviendo en tiempo real, vida gris en país gris en barrio gris den calle gris aunque fuera los claveles tres veintidós del barrio que llevaba este nombre porque tuvieron que desmontar una hectárea en la que alguna matronas habían sembrado algunas especies de flores como con el presentimiento de las flores que fueron comprando después cada vez que los milicos se llevaban algún joven de los boludos del pueblo, buscando al minotauro lo que quedaron culpables de culpas compartidas en un lugar sin inocentes sembrado de culpables de layas diferentes a veces que según lo que contaban ayudaba si las causas eran justas o buscan a ícaro y a su padre o a dédalo que tiraran algunas pistas para supervivir de esas alturas privilegiadas desde las que distinguían todo, los claveles tres veintidós fue eso, todo eso otro sí otro no sin estaciones intermedias en silencios que significaban alaridos y gritos que presagiaban peligrosos silencios, los claveles tres veintidós fue eso una trampa más un obstáculo pero seguir viviendo juntos en pactos o códigos que se centraban únicamente en tres niños, en ellos estaba la explicación del gen de su unión tan precaria, los claveles tres veintidós en el barrio jardín fu eso no saber si se trataba del inicio de un laberinto nuevo o la continuación del laberinto de siempre, de ese laberinto de toda la vida que con el paso del tiempo se complicaba con muchos sí con muchos no un matrimonio que de tan imperfecto era perfecto, como entonces que un simple cambio de casa para ella significó un descenso en su posición social la misma situación que para él significaba un cambio sustancial en su vida a la larga mejorar su posición social pasar de empleado jerárquico casi un esclavo a propietario de una casa aunque fuera una casa de barrio.
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Tuesday, February 22, 2011
costumbres de famas y cronopios acostumbrados al acostumbramiento
Famas y cronopios mal acostumbrados que se resisten a cambiar las costumbres entonces siguen mal acostumbrados sin hablarse, los claveles tres veintidós fue eso, otro sí otro no sin estaciones intermedias, los claveles tres veintidós fue eso no saber si se trataba del inicio de un laberinto nuevo o la continuación del laberinto de siempre de ese laberinto de toda la vida que con el paso del tiempo se complicaba más con curvas que llevaban a salidas falsas con pasillos rectos interminables o pasadizos sinuosos que no llevaban a ningún lado, para ella fue pasar de mansiones concedidas por los dueños de la empresa a empleados jerárquicos a una casa de barrio, un despropósito social una vergüenza para una mujer altiva aunque no marcara las diferencias para ella significó juntarse en barrios urbanos con los bolivianos tenerlos como vecinos a esos negros que se bancaban varias veces en el año en la escuela en las kermeses y en los desfiles de las fiestas patrias en los corsos y en los bailes de carnaval en el sindicato, ella que habrá sido pobre pero que fue criada como una princesa, para ella significó bajar de estatus ellos fueron también parte de ese éxodo por el que de un día para otro pasaron de sus chozas inmundas a viviendas de materiales para ella fue todo eso del pueblo a la ciudad naciente, de las reuniones sociales con invitados selectos a equipararse con la chusma, los claveles tres veintidós en el nuevo barrio el jardín fue el lugar donde más se confirmó aquello que todos sabían pero nadie hablaba en la intimidad de la familia nadie pronunciaba palabra al respecto, fue la confirmación que entre ella y él había un matrimonio perfecto tan perfecto que entre ella y él no había ni un sí ni un no nunca entre ellos un sí ni un no un matrimonio perfecto del pórtico de la casa para afuera porque para adentro cada uno de los que anduvieron por esos lados sabían muy bien que este enunciado era verdadero pero al revés de lo que podían suponer los de afuera, un matrimonio perfecto porque era exagerado de imperfecto, los trapos sucios se lavan en casa decían en cada minuto en el que se iniciaba una nueva rencilla, entre ellos no había ni un sí ni un no, había docenas de sí y docenas de no, cientos miles millones de sí y millones de no en cada una de las situaciones pequeñas o más importantes de las decisiones cotidianas, como ésta mínima del cambio de casa sostenía él defendiendo su posición frente a ella cómo va a preferir una mansión prestada a ser propietaria de una vivienda por humilde que esta sea le preguntaba él que pensaba que aunque estaban acostumbrados a los espacios grandes que al mantenimiento lo recibían sin costos había que acostumbrase a tener lo propio ir agrandándolo día a día, mientras haya dos brazos o cuatro y salud decía todo está bien, bastaba que uno dijera negro para que el otro alegara que en realidad e trataba de un blanco furioso, bastaba que uno consintiera par que el otro asintiera o disintiera en cualquier caso, una secuencia de peleas vedadas anunciadas que arruinaban sistemáticamente docenas, incontables miles de almuerzos de los domingos o repetidas y supuestas tardes apacibles de los sábados de descanso por semanas desgastadoras, los claveles tres veintidós el barrio del jardín durante los setenta en el éxodo que negociaron los patrones del ingenio con los milicos de antes y los que llegaron con el proceso de reorganización nacional fue eso, entongues en medio de los despelotes de la guerrillas y de los milicos que enfrentaban los ataques mientras los demás se hacían los distraídos, probablemente el nudo de un nuevo laberinto que se iniciaba la noche oscura por adelante el rumbo perdido con los agoreros y mentirosos de siempre, tal vez fuera una parte de ese desconocido y aún en ciernes laberinto de la vida que se iba resolviendo en tiempo real, vida gris en país gris en barrio gris den calle gris aunque fuera los claveles tres veintidós del barrio que llevaba este nombre porque tuvieron que desmontar una hectárea en la que alguna matronas habían sembrado algunas especies de flores como con el presentimiento de las flores que fueron comprando después cada vez que los milicos se llevaban algún joven de los boludos del pueblo, buscando al minotauro lo que quedaron culpables de culpas compartidas en un lugar sin inocentes sembrado de culpables de layas diferentes a veces que según lo que contaban ayudaba si las causas eran justas o buscan a ícaro y a su padre o a dédalo que tiraran algunas pistas para supervivir de esas alturas privilegiadas desde las que distinguían todo, los claveles tres veintidós fue eso, todo eso otro sí otro no sin estaciones intermedias en silencios que significaban alaridos y gritos que presagiaban peligrosos silencios, los claveles tres veintidós fue eso una trampa más un obstáculo pero seguir viviendo juntos en pactos o códigos que se centraban únicamente en tres niños, en ellos estaba la explicación del gen de su unión tan precaria, los claveles tres veintidós en el barrio jardín fu eso no saber si se trataba del inicio de un laberinto nuevo o la continuación del laberinto de siempre, de ese laberinto de toda la vida que con el paso del tiempo se complicaba con muchos sí con muchos no un matrimonio que de tan imperfecto era perfecto, como entonces que un simple cambio de casa para ella significó un descenso en su posición social la misma situación que para él significaba un cambio sustancial en su vida a la larga mejorar su posición social pasar de empleado jerárquico casi un esclavo a propietario de una casa aunque fuera una casa de barrio.
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