De ese día no me acuerdo casi de nada como no me acuerdo de muchos detalles de otros días anteriores como no me acuerdo de muchos días siguientes a ese, sí me acuerdo de ese que estuvimos viajando mucho tiempo con él y con ella que peleaban todo el tiempo como cada vez que quedamos los cuatro solos ellos dos mi hermano y yo, ese día montados en esa rastrojero desvencijada que se notaba era difícil de manejar para ella que se animaba porque él no se animaba, yo como mi hermano entonces era un niño y entonces como para cualquier niño los tiempos eran inmensos así que eso si me acuerdo, que ese viaje duró horas, largas horas como las tardes como largas la noches como esa noche que eso sí me acuerdo era noche de reyes, de ese día no me acuerdo casi de nada pero de lo que sí me acuerdo es de esa suelta carta que le escribí unas horas antes a los reyes a instancias de ella lejos de casa porque estuvimos de viaje, a oficio de ella que de estas cuestiones nunca se olvidaba y me acuerdo de los sueños que tuve antes otros días muchos días de muchas noches de muchos sueños puros sueños de puros deseos de pedir todo lo que me gustara, soldados para jugar en la arena donde armamos una y otra vez fortificaciones que les servían para defenderse de los ataques de indios cawboys o cuales fueran las fuerzas y los pertrechos que los otros tuvieran, bicicletas o ametralladoras un balero un capirucho, de ese día no me acuerdo de nada pero sí me acuerdo de esa carta interminable escrita en un papel de cuaderno Rivadavia con mi lápiz de porro y errores de ortografía sin olvidarme de ninguno de los pedidos, de ese día no me acuerdo casi de nada de haber espiado la carta de mi hermano, de ese día no me acuerdo de casi nada y sí me acuerdo que me pasé el viaje con la fiebre de la llegada inminente, en el ocaso de ese día cerca de la frontera con Bolivia ardidos y soplando del calor que hacía por lo menos por lo que a ellos se les entendía en los cruces poco amigables de sus palabras, de ese día no me acuerdo de nada, pero sí del lío que le hice a ella llorando encaprichado berreando cuando vi el regalos cerca de mis zapatos el pasto disperso que por supuesto dejaron esos tontos camellos que no se tomaron ni el agua que alguien les habrá puesto, un único regalo de todos los que pidiera y encima diferente un bowling de odiosos chanchitos y tres pelotas de plástico que ni se me hubiera ocurrido pedir porque hasta ese día no sabía lo que era el bowling y porque además no me interesaba, de ese día no me acuerdo de casi nada pero sí del enojo de él porque habrá tenido sus problemas cuando me vio elevando los reclamos correspondientes pateó con bronca los chanchitos que salieron volando igual que las pelotas quizás por no ponerme la patada a mí gritarme o tildarme de insolente, de ese día no me acuerdo de casi nada pero si no fuera por el casi ese mismo día no me hubieran entrado las dudas con los reyes que se sabe que son unos renegones por eso mi papá tuvo un problema con ellos, y conmigo también sin ninguna duda no me dijo nada pero ese día lo conocí con los ojos vidriosos como se me ponen a mí por la bronca o la impotencia, de ese día seguro que sí me acuerdo que a caballo regalado no hay que andar mirándole demasiado los dientes.
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Wednesday, December 22, 2010
juegos
De ese día no me acuerdo casi de nada como no me acuerdo de muchos detalles de otros días anteriores como no me acuerdo de muchos días siguientes a ese, sí me acuerdo de ese que estuvimos viajando mucho tiempo con él y con ella que peleaban todo el tiempo como cada vez que quedamos los cuatro solos ellos dos mi hermano y yo, ese día montados en esa rastrojero desvencijada que se notaba era difícil de manejar para ella que se animaba porque él no se animaba, yo como mi hermano entonces era un niño y entonces como para cualquier niño los tiempos eran inmensos así que eso si me acuerdo, que ese viaje duró horas, largas horas como las tardes como largas la noches como esa noche que eso sí me acuerdo era noche de reyes, de ese día no me acuerdo casi de nada pero de lo que sí me acuerdo es de esa suelta carta que le escribí unas horas antes a los reyes a instancias de ella lejos de casa porque estuvimos de viaje, a oficio de ella que de estas cuestiones nunca se olvidaba y me acuerdo de los sueños que tuve antes otros días muchos días de muchas noches de muchos sueños puros sueños de puros deseos de pedir todo lo que me gustara, soldados para jugar en la arena donde armamos una y otra vez fortificaciones que les servían para defenderse de los ataques de indios cawboys o cuales fueran las fuerzas y los pertrechos que los otros tuvieran, bicicletas o ametralladoras un balero un capirucho, de ese día no me acuerdo de nada pero sí me acuerdo de esa carta interminable escrita en un papel de cuaderno Rivadavia con mi lápiz de porro y errores de ortografía sin olvidarme de ninguno de los pedidos, de ese día no me acuerdo casi de nada de haber espiado la carta de mi hermano, de ese día no me acuerdo de casi nada y sí me acuerdo que me pasé el viaje con la fiebre de la llegada inminente, en el ocaso de ese día cerca de la frontera con Bolivia ardidos y soplando del calor que hacía por lo menos por lo que a ellos se les entendía en los cruces poco amigables de sus palabras, de ese día no me acuerdo de nada, pero sí del lío que le hice a ella llorando encaprichado berreando cuando vi el regalos cerca de mis zapatos el pasto disperso que por supuesto dejaron esos tontos camellos que no se tomaron ni el agua que alguien les habrá puesto, un único regalo de todos los que pidiera y encima diferente un bowling de odiosos chanchitos y tres pelotas de plástico que ni se me hubiera ocurrido pedir porque hasta ese día no sabía lo que era el bowling y porque además no me interesaba, de ese día no me acuerdo de casi nada pero sí del enojo de él porque habrá tenido sus problemas cuando me vio elevando los reclamos correspondientes pateó con bronca los chanchitos que salieron volando igual que las pelotas quizás por no ponerme la patada a mí gritarme o tildarme de insolente, de ese día no me acuerdo de casi nada pero si no fuera por el casi ese mismo día no me hubieran entrado las dudas con los reyes que se sabe que son unos renegones por eso mi papá tuvo un problema con ellos, y conmigo también sin ninguna duda no me dijo nada pero ese día lo conocí con los ojos vidriosos como se me ponen a mí por la bronca o la impotencia, de ese día seguro que sí me acuerdo que a caballo regalado no hay que andar mirándole demasiado los dientes.
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