En uno de los monólogos de Tom en El zoo de cristal, Tennessee Williams evocaba con amarga ironía el título de una vieja canción, ante el inminente estallido de una contienda, la que sería la Segunda Guerra Mundial: "Se escuchaba El mundo espera la salida del sol, pero en realidad el mundo esperaba los bombardeos". Aquel presentimiento también quedó minimizado ante la irrupción del terrorismo, provenga del accionar islámico o de cualquier otro extremismo: con la amenaza que apunta a París, las "postales" de la Torre Eiffel o de Notre- Dame ya no muestran a visitantes gozosos sino imágenes de soldados armados con ametralladoras. Tampoco esperan la salida del sol, sino un ataque fantasma.
En junio de 1940, cuando las insignias de la Wehrmacht desfilaron, contundentes, por el empedrado de Champs-Elysées, la humanidad sintió que si el centro de una cultura había caído bajo la ocupación de la barbarie nazi, un oscuro cielo o un nuevo medioevo se cernía sobre la cultura occidental. Hoy, la custodia armada de aquella Torre Eiffel que tantos films registraron en su esplendor denota la posibilidad de una suspensión, al menos temporaria, de un modo de vivir y de transitar la luminosa ciudad. Lo cual, como en 1940, clausura un ciclo de la civilización. Hubo films sobre aquella ocupación, que se mantuvo durante cuatro años, pero ahora ¿qué cineasta atinará a registrar, con esta nueva perspectiva, uno de los escenarios urbanos más fascinantes del mundo occidental y más frecuentados por el cine?
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