Hay pasiones que pierden al hombre, pero el que no tiene ninguna está irremisiblemente perdido.
Figuras estilizadas y sus rostros de maniquí, hieráticos, impasibles, los ojos rasgados y vacíos han inspirado dibujos
Elocuencia - En un homenaje al psicólogo Ludwig Binswanger, Lacan comenzó su alocución diciendo "seré breve" y habló más de una hora. Al terminar, Binswanger le dijo: el secreto de la elocuencia es no tener nada que decir.
Exiliados en el Paraíso - Cuando Buenos Aires era una fiesta, Gertrude Vanderbilt llegó a estas costas en su yate particular. La millonaria norteamericana frecuentó una boîte Chez son Altesse , de rusos blancos escapados de la revolución bolchevique. Allí se enamoró de uno de los músicos de la orquesta que sólo ejecutaba balalaikas y lo llevó consigo, pero lo obligó a convertirse en músico de jazz.
Pequeños mitos porteños - Muchos pequeños mitos porteños surgen de las letras de tango, con frecuencia de las escritas por Enrique Cadícamo. Las figuras más comunes de esa mitología se refieren al paso del tiempo: el que regresa al barrio y a la casa natal después de veinte años, viejo y fracasado; el reencuentro con la mujer amada de la juventud convertida con los años en una "bacana" o, a la inversa, en "una vieja mendiga harapienta". Otro mito es el del "trío más mentado". Roberto Cossa describió en El viejo criado la fórmula del "trío"; los tres debían estar juntos durante varios años, hacerse ver siempre en los mismos lugares, con preferencia por las calles del sur sin pasar de Independencia al norte y de Entre Ríos al oeste. Tanto era así que una vez el integrante de un trío cruzó Entre Ríos para comprar cigarrillos y se desprestigió. Había que caminar despacio con rostro torvo y hablar poco. Después de un tiempo debían separarse para que todo el mundo hablara sobre la disolución del trío.
Hamlet travesti - Pedro López Lagar, más tarde uno de los mejores actores de teatro y cine argentino de su época, era la primera figura masculina de la compañía española de Margarita Xirgu, y le insistía para que representaran Hamlet ; por supuesto, se reservaba el papel protagónico. Finalmente la Xirgu escuchó el consejo y decidió dar la tragedia shakespereana pero, imitando a Sarah Bernhardt, asumió travestida el papel del príncipe. López Lagar no se lo perdonó y abandonó la compañía. Sin embargo, cuando fue un actor famoso y hubiera podido cumplir su deseo, vaya a saberse por qué razones nunca se atrevió a hacer al dubitativo personaje.
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