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Friday, May 07, 2010

viajando


Mar en calma. Como si fuera eso allá arriba de los cerritos como a cuatro mil metros de altura y más metros al infinito que es lo que no se conoce se siente la sensación de estar viajando por un túnel muy largo y larguito del corredor del silencio o de los sonidos del silencio que por allá abundan sacando los bufidos del monstruo del acero variando en sordinas que cambian sólo con el pío pío de los pajaritos o con el silbido con el sonido que los vientos les sacan a esos paredones de piedra y arcilla que se hacen cada vez más y más altos desde Rosario a la Polvorilla que en ocasiones pasan como si fueran soplidos de dioses enojados y otras pasan tan suaves que son como la brisa y el canto de una doncella que se mete en todos lados filtrando, por desfiladeros laderas y valles se siente estar entrando en la boca del diablo o en el pecho del señor eso depende del vals que se esté bailando por adentro por ese adentro muy adentro del ánima o por afuera en los rulos girando de punto al mismo punto pero más arriba y depende del tipo de sangre que se lleva la sangrecita de los paisanos que se ven por el camino montados en sus burritos espoleando a la mulas subiendo y bajando para vender quesillos y tamales y de los paisanos que no lo son de los paisanos que son paisanos de otros lugares del abra inconfundible con su camino sinuoso, como si fuera allá arribita en medio de las colinas se siente desasosiego como si se viajara al lado del leviatán como si se estuviera viajando con mil demonios ocupados en arruinar la siesta la siestita como si hubiera algo que abajo se ha dejado, si no se está bien se siente la zozobra como si fueran sombras transitando esas nubes que quedan debajo de la ruedas como si se estuviera suspendido de ese cielo que se encapota en algunos tramos y en otros tiene esa rara transparencia que no se traspasa así nomás, quietudes que son como si se estuviera con una embarcación encallada en alguna playa a la que no se quiso llegar, suspensiones en el aire de los malos recuerdos en el aura de los remordimientos si alguna vez se tuvieron y no quedó la resaca, como si fuera eso allá arriba de las lomitas que allá bien alto arribita aparecen como testimonio de la gloria del magnánimo que se hace carne en la pelota del sol que brilla sobre el mar de verde de olas amarillas y coloradas pero que son el espectro un arco iris de paisajes tangibles que están al alcance de las manos una banda entera de colores diferentes mientras el astro recorre marcando las diferencias entre El y los que están abajo, para el encanto que brilla como el sol cuando levanta por el levante de quien ha conducido como se debe o como El manda aún con las inclemencias que provienen de las intolerancias de las broncas y los estigmas del egoísmo de la codicia de esos abrochamientos que los que están por este lado tienen con cosas del mundo pueriles, no como eso allá arriba bien arribita donde puede escucharse el sonido de una quena que toca un coya que no es que descanse sino que respira despacito para no apunarse un coyita que se alegra con la llegada como visita de paisanos que no son paisanos porque son paisanos de otros lugares porque podrá cambiar los ungüentos de menta por billetes billetitos y monedas que le servirán para comprar en el mercado, no es una flauta que alguien toca una música que se escucha de todas maneras sonidos que bajan de los salares o suben de los ríos que tienen agua de manantiales para dar gracias al señor lo mismo que un pastorcito con fiaca que sueña con un violín que suena como si fuera una mosca molestando y el ruido de una trompeta que no existe disparando el ímpetu encantando o decantando al paisano o al que es paisano de otros lugares cambiando la tranquilidad o el sosiego de quien aprendió de la reconciliación y a reconciliarse propiamente y con los demás, liviana el alma regodeado el espíritu como si los que lo logran anduvieran en un ambiente de neblina inconsistente muy poco densa celebrando, muchos viajando hacia el cielo hacia ese mismo cielo azul que se junta con la montaña encaramados por la víbora de acero que se mueve entera con sacudidas de la cabeza a la cola recorriendo cada metro de la vías parejitas que los ingenieros diseñaron y los obreros armaron hace mucho tiempo, un largo angosto caminito sinuoso para ser bueno si se fue malo y si se fue bueno para ser mejor, como si fuera eso allá arriba como si fuera un mar de serranías como si fuera un mar en calma un viaje feliz.

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