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Monday, April 12, 2010

ojos por ojos


Malarias. Hay que pasar por ser pobre para hablar con propiedad de lo que se compra o lo que se vende con propiedad lo que no quiere decir circunspecto o divertido, de lo que se intercambia en un mercado cuando a uno le falta el dinero, hay que pasar por ser pobre para no hacer el ridículo aconsejando a los demás lo que ni siquiera uno hace proponiendo a otros sobre formas de pensar o de actuar que solamente se dan si uno tiene algo en qué apoyarse, un punto de partida para hacer de arrogante que entiende de esas cosas de saber cómo se vive, un pequeño fondo de reserva que hace que uno se sienta seguro, porque si no hay nada el discurso se hace vacío de contenido y de sustancia, es fácil pensar que la pobreza es culpa del pobre o del que está arriba como algunos piensan, hay que pasar por ser pobre para comprender lo que es cuando falta el efectivo de cada día de cada semana de cada mes de cada año, hay que pasar por ese drama que falte para comprar el alimento no solamente el propio sino también el alimento de los niños que uno como cualquiera quiere entrañablemente el alimento del día de cada hora de cada minuto que marcan las agujas de relojes siempre ajenos, hay que pasar por ser pobre para conocer lo que es un trueque, ese lugar donde se juntan hombres y mujeres y niños también, que van con esos hombres y con esas mujeres a desplegar paños o manteles sobre largos mostradores para colocar mercancías que tienen más valor de uso que valor de cambio, más significado para la persona que la está vendiendo que para el que la está comprando, una mercancía que uno no necesita que sirve para cambiar por otra mercancía que otro necesita y todos los viceversa que se puedan imaginar de necesidades productos y cambios, porque en los trueques hay de todo menos dinero hasta sentido del humor y bromas porqué no habría de haberlos, y el punto de partida como el de llagada es el mismo como en una rueda gigante la condición de insolvente, tal vez algún equivalente en vales pero nomás que eso. Hay que ver cómo se cambia todo en los trueques, cómo van y vienen las personas con las mercaderías, y hay que ver cómo se resiste esa misma gente hasta el último a intercambiar sus dignidades.

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