
Cuentos y pesadillas. Hay veces que uno siente ansias y no tiene la ayuda de nadie, o afanes que uno no sabe bien para qué deben ser conocidos o resueltos y que mucho después uno se da cuenta que debían ser conocidos, que conocer cuando no es necesario en un momento es importante para actuar cuando sí es necesario en otro momento aunque parezca un trabalenguas. Para mí el santiamén fue en esa noche. A las once cuando cerré los ojos por primera vez tratando de dormirme comencé a acordarme de las recomendaciones de mamá de no hablar con gente extraña fueran varones o mujeres, con los varones menos que menos, no hablar con nadie ni dejarse tocar menos con gente mayor porque los mayores no tienen nada que hablar con los menores sentenciaba repitiendo ella en cada una de las desesperaciones que le entraban cuando tocaba estos temas y especialmente cuando yo, su hijo mayor, partía como había comenzado a partir en los últimos meses con el norte en aventuras de viajes y turismo y aunque tuviera la edad para saber cuidarme por mi cuenta, en la mañana anterior a esa noche yo pintaba para joven y había caído a ese pueblito despoblado a ver a mi novia y el padre de ella me llevó hasta el residencial cuando fue el momento como era la costumbre del novio que no duerme en la casa de la novia. Como a las doce me di cuenta que no iba a poder dormir pero lo mismo traté de mantener la calma que acababa de perder y abrí y cerré los ojos muchas veces recordando pormenores de algunos de esos encargos de esa mujer que me cuidaba mucho, pero me fui dando cuenta que solamente se trataba de cabos sueltos, que todas esas voces a propósito en todas esas muchas veces eran sólo eso un cabo suelto solo y claro del mensaje de desconfiar de todos los que fueran señores peregrinos varones mujeres, y comencé a preocuparme porque no había más aclaraciones que recordara aunque sí me acordaba de aquello que los grandes que se meten con los chicos son malos y que los chicos no deben meterse con los grandes, pero nada más que eso, y no era un aliciente para mi tranquilidad de supuesto niño bueno en esa noche que estaba en una habitación con cuatro personas extrañas y varones intentando conciliar el sueño, rendido a nada a nadie estaba ahí en ese lugar y además de la inquietud casi de aprendiz para responder ataques si los había, no hubo más ninguno dijo nada y los ruidos fueron solo ronquidos y pedos mientras yo daba vueltas en mi cama. Fue una noche espantosa, y entre vuelta y vuelta me acordé nunca supe muy bien porqué también de las bromas pesadas y las inquisiciones que había en el grupo de amigos donde la sobresaliente broma era tocarse el culo y decirle maricón a cualquiera, desbordes de ellos y toda una exageración de mi parte en mi primera noche despierto por decisión propia. Después de todo se trataba de un hotel de media estrella y los otros eran pasajeros pero no malos, eran varones que no molestaron ni manosearon y mayores que no se metieron conmigo, lo que diera para sentir que eran tipos con angustias peores que la angustia mía.
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