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Tuesday, March 30, 2010

pelotazos en contra



Cuento de malos amigos.
Si fue culpa mía o culpa de ellos a veces me entra la duda. Pero casi siempre digo que fue culpa de ellos que abandoné temprano ese fútbol que me gustaba y que hoy mueve mucha plata y muchos equipos como el Barcelona o River. Culpa de ellos me alejé temprano en la primavera de mi vida de los baldíos de los potreros en donde jugábamos de lunes a domingo sin interrupciones, los días de semana por la gaseosa por la picada por lo que fuera, y el domingo por algún campeonato que nunca faltaba y que organizaban los comedidos. Culpa de esos que fueron unos malos amigos me fui cuando ni siquiera había cumplido los doce, con lo que me gustaba que mi mamá me pusiera el equipo completo que ella y mi padre me regalaron, con lo que me gustaba correr hasta la cancha con la pelota del cinco reluciendo cada seis meses que era el tiempo que les daba el cuero a los viejos como para reponérmela, con lo que me gustaba acariciarla ponérmela debajo de brazo, sentir el olor del cuero nuevo el de la pelota recién gfabricada, siempre una pelota de pellejo resistente que después de un tiempo de usarla llevaba mucho al zapatero para que cosa mientras esperaba que me compraran la nueva. Culpa de ellos colgué los últimos sacachispas casi sin usarlos ese par de zapatos hermosos con unos tapones de goma que amedrentaban a cualquiera, y dejé en el ropero una camiseta de la que ni siquiera me acordé para ponerme algún domingo cuando ganaba mi equipo, la casaca quedó por ahí arrumbada y con los años chica para mi torso. Yo no fui un hincha fanático y en esto a la culpa si estoy seguro de tenerla yo, pero definitivamente creo que ellos tuvieron la culpa de mi bronca y de mi resentimiento de no poder jugar cuando me desesperaba por hacerlo. Y eso que desde que me acuerdo yo era un chango piola con ellos, pero lo mismo hacía banco como loco lo que me daba mucha vergüenza de comentar con mis padres. A mí me gustaba jugar como delantero y ellos me ponían en la defensa, con el tiempo me sentí cómodo defendiendo al equipo en el fondo y me mandaron al arco, cuando más o menos me acomodé atajando como Dios manda me mandaron al banco y ahí se olvidaron de mí, partido tras partido, día tras día, domingo tras domingo, y no jugaban con otra redonda que no fuera mi balón, tampoco había DT para echarle la culpa. Por eso de vez en cuando me acuerdo de ellos. O de mí, entonces creo que por ahí fui un pelotudo y además malo que les podría haber peleado mi lugar en el equipo antes de dejarlos sin pelota de cuero, o de ellos de los cuales creo que eran muy malos, o muy vivos o directamente no les importaba nada como a mí no me importaba de ellos, ellos eran así, así jugaban y yo el gordito dueño de la pelota que hoy por hoy no grito ni un gol ni me mueve el corazón un partido.

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