Pages

Saturday, March 27, 2010

cuentos cortos


Cuentos míos.
Nunca pude establecer muy bien si nos quisimos ni cuál de los dos fue el jefe del grupo, pero sí sentí que por un tiempo fuimos buenos amigos y compartimos felices varios carnavales hasta que llegó ese carnaval en el cual dejamos de serlo. Entonces discutimos, la primera vez fue cuando Chala se apareció con el dibujo del dragón que trajo para que entre todos nos pusiéramos de acuerdo y hacer igual la parte más importante de nuestros disfraces, era un figurín bien logrado y no había que ser un entendido para darse cuenta que era un dibujo que fue hecho detalle por detalle por él que tenía condiciones para eso, en realidad eran varios grabados, en una cartulina grande y amarilla donde aparecía la secuencia de un mismo dragón en varias perspectivas, perfiles estampados a la izquierda dibujados a la derecha, una vista de frente y también una vista de atrás en una escala del tamaño que la figura debía tener para que armadas quedara montada sobre cascos de cartón que calzarían justo en nuestras cabezas para sostener la el lagarto de endurecido cartón encolado, montado encima de cada una de esas boinas y entretejidas con finos alambres, toda una armazón de unos trescientos gramos que identificaría nuestra comparsa en la calles y en el corso. La primera diferencia la tuvimos cuando tocó ponerse de acuerdo sobre cómo conseguiríamos la plata que había que juntar para comprar los materiales y armar las distintas versiones del hermoso dragón que quedaría forrado en papel brilloso y verde de celofanes corrugados y adornado con lentejuelas y algunos trazos en rojo del mismo color de una imitación de flama que sobresalía un poco de la boca de la bestia fastuosa, terminada con unos espejuelos de diferentes formas que se pegaban en varios lugares entre el lomo y la cola. El dijo que pongan los que tienen para ayudar a los que no tienen, yo dije pongamos todos, veredictos que no nos cayeron bien ni a él ni a mí, pero broncas que callamos para no romper el grupo. La segunda diferencia la tuvimos el último día del carnaval chico, cuando nos informó que la mitad de lo que habíamos recaudado con nuestros cantos repetidos una y otra vez por las calles y avenidas que recorrimos ese estribillo de la planta de ají flor de alelí pongan la guita que ya me gua í, de esas propinas justo la mitad iría a los bolsillos del avivado cacique que era él y a los bolsillos del payaso y del sulka teniendo en cuenta sus trabajos más importantes. Yo me negué porque me pareció una injusticia y se lo dije que debíamos repartir por partes iguales, y eso marcó el momento de mi último carnaval compartido con el Chala que no se si lo quería pero sí sé que fue mi amigo mucho tiempo. Aunque últimamente tampoco sé muy bien si en realidad lo fuimos, mucho después me enteré que con esa plata ayudaba a su mamá para comprar algo de lo que comían en su casa y mi mamá ni me la pedía porque para mí era sólo dinero para golosinas. Ni él me entendió en mi pretensión que fuéramos iguales, lo más iguales que pudimos, ni yo lo entendí porque no me di cuenta que éramos diferentes, lo más diferentes que pudimos.

No comments:

Post a Comment