
CUANDO LA PEREZA SE TRANSFORMA EN INDOLENCIA Y LA INDOLENCIA EN DEJADEZ ES CUANDO LA PERSONA PUEDE CONVERTIRSE DE UNA EN DEPRIMIDA
"Mientras que en sus orígenes la pereza se asimiló a un pecado mortal, en nuestra cultura desacralizada y sellada por cierta manía incorporada de patologizar lo que nos molesta, ya no se habla de pereza pero nos regodeamos con la retórica del síndrome de energía crónica, de falta de energía o hasta de agotamiento nervioso. Y cuando, raramente, se la confiesa, incluso la pereza se suele atribuir a trastornos orgánicos.
Créase o no, la prestigiosa revista British Medical Journal (BMJ) publicó en abril de 2006 un informe que describía un novedoso trastorno, y lo bautizaba con un nombre tan científico que lo tornaba creíble: trastorno de déficit de motivación (motivational deficiency disorder o MoDeD). Según informaba la BMJ, esta nueva patología había logrado ser identificada por científicos australianos, y era caracterizada como una apatía debilitante. Y hasta letal, porque en sus formas más severas llegaría a reducir la motivación de respirar. Tras ser seleccionados según un curioso criterio (vivir en un perpetuo estado de falta de motivación), los participantes fueron sometidos a una tomografía por emisión de positrones (PET), para determinar su respuesta cerebral a los estímulos extremos. Gracias a esta reciente tecnología biomédica, los neurocientíficos de la Universidad de Newcastle en Australia resolvieron el misterio legado por los monjes medievales y diagnosticaron el MoDeD, enfermedad que, según calculaban, puede afectar a uno de cada cinco habitantes australianos. Afortunadamente, concluía el informe, un laboratorio de biotecnología había descubierto una milagrosa molécula candidata para la cura, llamada "indolebant", que estaba siendo evaluada con resultados "prometedores", según el neurólogo Leth Argos, de la Universidad de Newcastle en Australia, ya que "gracias a este tratamiento un joven que no podía levantarse del sofá está ahora trabajando como asesor de inversiones en Sídney".
Pero la propia British Medical Journal, descubierta por sus lectores, tuvo que salir a desmentir su aval a la investigación. No se trataba más que de una broma en el Día de los Inocentes, celebrada en los países anglosajones el 1° de abril".
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