Cuento en la mañana temprano.
No me había terminado de estirar cuando escuché la pregunta de la profe de literatura, mi preferida porque me encantaba la materia y además porque ella misma era una tipa que sin ser amiga nuestra, sus alumnos, nos comprendía bastante y llegó a ayudarnos un par de esas veces difíciles cuando las amonestaciones prometidas sobraban para que nos fuéramos del colegio sin terminar de cursar lo que quería decir sin el título de maestro que todos buscábamos.
Estaba somnoliento y contracturado, así que no me había desplegado con toda mi humanidad en el banco como hacía todos los días en esos movimientos mañaneros con los que crecía así lo sentía, cuando escuché la pregunta clara que me despertó ahí nomás porque yo sabía qué contestar aunque estuviera cansado porque en la tarde anterior habíamos estado varias horas frente al televisor tratando de ver y de imaginar los pasos de Amstrong sobre la luna, y digo imaginar porque por lo menos el televisor de mi casa emitía imágenes con nieve le decíamos pero que eran en realidad los infinitos puntos que sumados armaban una imagen que viajaba por cable a miles de kilómetros por hora, estábamos en un pueblito de los valles de argentina y la imagen procedía de algún centro espacial que además las recibía desde el satélite de la tierra.
Estaba somnoliento pero levanté automáticamente la mano y comencé a contestar la pregunta, lo más importante es ser testigos vivos de un evento como este dije entre académico y dormido en esa mañana y en medio de mis compañeros que ni me miraron porque también estaban dormidos, y ni siquiera escucharon que la profesora había requerido nuestras opiniones de ese pequeño paso para el hombre y ese gran paso para la humanidad.
Grande fue mi desilusión cuando la profesora que quería y respetaba mucho me dijera que la mía se había tratado de una respuesta un tanto egoísta, mucho tiempo después supe que hay que estar despierto para saber de qué quiere hablar la gente, me dijo que era una forma de describir un acontecimiento importante con una nimiedad como la de la existencia de un alumno terminando la secundaria, casi un atrevimiento egocéntrico dijo imponiendo su manejo del aula y de los temas que tocábamos. Aunque me pareció exagerada acepté la observación en silencio, pero nunca más ni con ella ni con nadie di una opinión parecida incluso cuando ese gran paso para la humanidad con el tiempo dejo de serlo ni cuando atravesé logros importantes como adulto, pequeños pasos para la humanidad grandes pasos para mí, desde ese día perdí mi capacidad de venderme en el mejor sentido de la palabra, qué estúpido.
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