Pages
▼
Thursday, March 13, 2008
cronopio que se copia a sí mismo no embroma a nadie....
Con el Jesús en la boca.
Y entonces los recios intrépidos cazadores iniciaron el recorrido muy temprano esa mañana. Pero ahora volvían no con la misma parsimonia.
Y eso que ellos habían ido preparados y pertrechados para todo menos para lo de sopetón carajo maldecían los más curtidos de los diez monteros que eran conocedores y expertos en el oficio de perseguir bestias según sus propias historias pero no para lidiar con un herido de bala en la pierna y con ese torniquete, ellos sabían que esa caminata duraba no más que un par de horas de ida pero no de vuelta y menos de vuelta con apuros disfrutaron cuando fueron a la isla donde los loros abundaban y volaban libres por todas partes del pintoresco paisaje de unos eucaliptos que en cantidad parecían el dibujo de un ejército custodiando esa parte poco soleada y tranquila del monte, y ahora el lugar se alzaba como una muralla impidiendo el rápido retorno.
Y así que a esos armadores de historias maravillosas con mucha concurrencia y cuotas de asombro les sobraba el tiempo para conversar con los otros, los principiantes, que entre trago y trago de un vino que habían cargado en una cantimplora y el humo de algo raro que fumaban, acompañaban atentos y pasmados el paso seguro de los intrépidos perdigueros.
Hay que poner los pies en la tierra, menos imaginación y ensuciarse menos, menos espejismos y sueños y más cuidado con la limpieza de la ropa que eso sí es lo que interesa de verdad porque después hay que andar renegando con todo el mundo, había repetido mamá en uno de sus últimos retos haciendo gestos con la mano y como loca, solitaria nerviosa desesperada porque nadie la escuchaba.
Y entonces lo que sí escuchaban los considerados y maravillados principiantes eran advertencias de cómo se cuidaba en una expedición como esta el silencio y el orden mientras se enfocaba a las presas y se efectuaban los disparos de dos escopetas calibre veintidós que entre los enseres llevaban, la última consigna cuando entraban a la isla fue que a las armas las usan los más experimentados, los demás acompañan.
A las armas la carga el diablo, se acordaba algo el gordo de lo que dijo su mamá en una de sus tronadas porque cada vez que se las agarraba con él y con el flaco parecía una tormenta con rayos relámpagos y todo, esa vez que fueron a pedirle que les comprara escopetas de aire comprimido para jugar con los amigos. Andar como bestias matando bestias no es jugar anotaba mamá rechazando la propuesta, el gordo recordaba y transpiraba pensando cómo le explicará lo del flaco.
No comments:
Post a Comment