Ypsilon
Eso que es justo lo último que se pierde.
Un soplo de la lucidez de Pablo una chispa de ese fuego que nunca alcanzará a quemar su carta, el envión es todo lo que necesito para quedar cerca de lo que perfeccionó en su momento supremo cuando por encima del crédito particular de su credo privilegió el ensueño de enseñarnos a nosotros a recuperar lo perdido si en el trajinar se perdieron cosas importantes como se pierden, de marcarnos eso de alcanzar lo que nunca se tuvo entre manos por varios motivos o no se tendrá en toda la existencia de uno o de otros históricamente determinada, de pensar el mañana del mañana mejorado de los otros porque indudablemente él estaba partiendo no quedaban dudas entonces del inicio de su viaje hacia la luz intangible eterna fuerte incomprensible para nuestra naturaleza inmanente, para quedar cerca no por comprenderlo como él que para mí es tarea inmensa inalcanzable sino como el humilde intento de enjuagar la execrable actitud repetido talante y repetida cualidad la burda la ordinaria y miserable manera que tenemos en varias ocasiones de mirar para otros lados de negarlo como si fuéramos bestias, sórdida usanza demasiadas veces practicada para mi gusto que indudablemente no es el único ni de los mejores gracias a Dios, que lo seguimos ofendiendo y vejando como se nos ocurre cuando nadie nos obliga a nada, injuriándolo como si eso no fuera nada directa o indirectamente embromándolo a El a los prójimos y a los próximos y a todos lo que podemos con todo lo que vimos y con todo lo que muchos intentaron enseñarnos, creyendo que lo hacemos con predisposición correctora para el otro y ánimo reivindicatorio de los otros que aunque necesiten seguro que es por menos de lo que necesitamos nosotros mismos pequeñas criaturas del descrédito permanentemente de mirar la paja en ojo ajeno, ánimas desacreditadas siempre a juzgar por los ejemplos de la mitad de los hermanos del mundo hambrientos arrancados de ese mínimo aire que restaura por pensar que después será distinto quizás óptimo tal vez mejor superador aunque a la postre no lo sea, de la injusticia prevaleciendo sobre la justicia en el charco de la indiferencia que mata por decantamiento de la escoria que drena en función de nuestros resentimientos de nuestros odios, de la ilusión del consumismo del mundo virtual que últimamente nos inventamos porque nos hace suponer y a la vez nos inventa la certeza que por ahí se cumplirán nuestros más caros sueños de alimañas egoístas y de sabandijas avaros de egocéntricos alejados de la meta de un posterior diferente, solo la punta de la sagacidad que Pablo para darme cuenta de lo que él se dio cuenta hace más de dos mil años de ese entusiasmo que te ahoga cuando estas solo cuando nadie interrumpe ni tu vida ni tus sueños ni irrumpe en tu cama, para darme cuenta del frenesí que te rodea en el estuario de las emociones mezcladas con la sensación de que mañana todo se modifica aunque no se modifique nada ese mañana distinto que desde temprano esperas apasionado como cualquiera de los mortales de este planeta con dos dedos de frente como para darse cuenta que las aberraciones de la pobreza del abandono de la indigencia de la mugre del hambre son aberraciones generadas por el hombre para el hombre sin nada que ver con EL que también hace varios siglos que nos quiso hacer saber sin mencionarlo el componente de basura que tenemos y que si no trabajamos día a día como debe procesarse la impureza nos condena a nada más de lo que somos lo que cada uno sabrá ser cabalmente a su manera, esa presunción de mejorar progresivamente mientras caminamos con los otros para los otros por los otros que depende de nuestras convicciones de la historia que escribimos mientras pasamos por este purgatorio de la tierra que nunca respetamos ni respetaremos como no nos respetamos a nosotros mismos como bien lo sabemos cuando nos pensamos solos sin mentirnos, quisiera sólo un haz de luz de la luz que además de alumbrarnos nos alimenta para contar con las energías que debemos contar aunque el desaliento de no alcanzarla la contra que no me llegue el desmadre que no me alcance, el cansancio se nos venga encima por nosotros mismos o por interpósitas personas que queremos sólo para que alimenten nuestras vanidades nuestras más bajas perfomances, el haz de la luz o el sonido original que convierte esa íntima sensación que nos cambia la noche por la aurora que devuelve las formas los contenidos de nuestras creencias sin las sombras perniciosas las doctrinas las entidades que vamos reinventando para poder soportarnos apaisados con nuestras diferencias con nuestras coincidencias con nuestras disidencias, el conocimiento de esa emoción que me aparece con un escalofrío que convierte la sombra en despejado el vacío en el sostén de lo firme, un poco de esa perspicacia de Pablo para ver que el dogma sirve y mucho pero más sirve aquello que me permite darme cuenta que aunque no nos venga a todos en el mismo lugar en el mismo punto algo nos llega cuando nos llega con la lágrima del niño que espera que después de todo papá y mamá nunca lo abandonaron, nos llega cuando nos llega con la angustia dulce del joven atormentado y convencido de un mundo diferente, nos llega cuando nos llega con el renacer de un adulto que no se vence con la inclemencia de lo que nunca sale porque otros quieren o lo quisiste vos mismo, un soplo de eso que es entrega y chanza de eso que es entrega y ansias, la alegría en la intemperie, un señuelo en un desierto o en un mar de lágrimas una apuesta al porvenir el mismo porvenir que no conocen y tratan de ocultarnos los necios los mezquinos que creen que son únicos en un único mundo que pretenden para ellos que son únicos entre algunos otros únicos que les convienen, una pizca de lo que fueron sus convicciones las singulares eso de estar seguro sin pedir prueba en contrario, un paso más en la línea de la comunión trascendente del anhelo de creer que aquello será posible aunque no lo sea, de confiar en que aquello será más allá de si será para entender lo que para él fue la esperanza.
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