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Monday, May 14, 2007

armando....

De colores.

De colores su vida, hermosa porque es de colores, plena entera su vida, eternamente pensada en la cordura para todo y en el retiro confortable en su morada moldeada en el agradecimiento prudente por los panes que se multiplicaban por decenas en el éxito de un hogar bien constituido como quiso verla a su vida su mamá, como decía no había ni altos ni bajos en esa vida amarilla intensa como es el color de los claveles que ella misma se compraba sin importarle que para los otros era el color de la mala suerte, completa su vida forjada al calor de las virtudes que sus progenitores le enseñaban trabajada en la soberbia con un toque de humildad y silenciosa, en la soberbia contenida casi en la modestia y en la suficiencia no declarada como quiso verla a su vida su papá, al que le encantaba el rojo de la franja que cruzaba la camiseta de su equipo preferido aunque no lo confesaba, el rojo intenso también con el que creía estaban coloreadas sus emociones las de toda la familia. De colores su vida deslumbrante, siempre haciendo que parezca recién retocada, siempre haciendo que aparezca como una vida recién pintada, como una vida recién revocada, sin huellas de heridas profundas, sin agujeros de desconcierto importante, sin rugosidades de secuelas de broncas o rencores, lo malo disimulado para que no se note lo bueno potenciado para que se note, como cuando se puso contento porque ahí nomás de comenzar a buscar consiguió trabajo, albricias, dijo entonces, buenas noticias lo que asociaba con el verde de la esperanza, su primer trabajo en un trabajo en el que lo contrataron de ingeniero un laburo adonde lo llamaron ingeniero cuando protocolizaban el trato con él, un trabajo donde era ingeniero adentro y continuaba siendo ingeniero afuera de la fábrica, caminando para su casa, en el cine, en las quermes que organizaba la parroquia para recaudar fondos, los mismos fondos que los fieles dejaban de poner, ingeniero seguía siendo cuando ya la gente lo conocía y con afecto lo saludaba como señor ingeniero como don fulano el ingeniero, en expresiones de afecto mezcladas con admiración respeto y distancia por las dudas para trascartón pedirle sin vueltas por favores, alabarle su laboriosidad su disposición para el trabajo en los grupos, que como si fueran la imagen reflejada en un espejo de una escalera mirada en bajada repetían en la capilla las mismas jerarquías que se daban en la fábrica. De colores, como cuando de niño en los momentos de descanso en el Colegio Belgrano soñaba con llegar a ver el resplandor de la olla del fin del arco iris, como si fuera un poeta en medio de sus amigos que al mismo tiempo andaban jugando al fútbol. De todos los colores como esa olla de las sorpresas y los premios al mérito de portarse bien con los curas y los celadores esa olla de la que decían salían el blanco y el negro, el blanco y el negro y se iban transformando en esos infinitos colores que bajaban del contraste entre el sol y el agua de lluvia cuando coincidían, lo mismo con lo que le encantaba a él jugar cuando ya se hizo hombre y también ingeniero. Su vida, de buen pasar y con pocos accidentes con pocos ingredientes con pocos incidentes, el viejo se daba vueltas con su trabajo de inspector de mantenimiento de todos los colegios de la larga patria que recorrió de punta a punta dos o tres veces hasta que decidió afincarse en uno de sus lugares y la vieja hacía el aguante en la casa al mejor estilo de los matrimonios en su caso de criolla con gringo de sus épocas, de esos matrimonios que se daban vueltas por la vida conteniéndose castos y satisfechos con un hijo al que trataban de hacerle llegar todas las maravillas que pudieran, y él primero en el jardín de infantes dándoles alegrías y después en las clases particulares de inglés y en las clases de guitarra piano y francés, y en segundo en tercer grado y en todos los grados siguientes y en los cursos del secundario y en las aulas de la universidad portándose bien haciendo buena letra de buen hijo de buen estudiante y de bueno en todo lo que estuviera de su parte. De colores su vida, estimulante, de tanto ir a los asaltos y hacerse pasar por indiferente había terminado por llevarse la mejor mina, por lo menos si se medían los méritos de ella por las ganas que los muchachos le ponían a conquistarla, pero ella había venido hasta él sin que la llamara, en un intervalo entre la música de los wawancó y el onli you de Nat King Col, de esa época de su juventud de todos los colores cuando comenzaron con los bailes dando saltos cada uno por su lado, la recordaba buscando la referencia a los tonos de la vida por entonces no tan difícil, a los matices de los momentos de estudio de los momentos de paseo, a las gamas de los humores que entonces iban del blanco resplandor de las molotov de los muchachos renegados al negro de las muertes absurdas e inevitables, de los compañeros que pensaban que desafiaban a los generales los pigmentos del luto de aquellos que se fueron sin saberlo y en nombre de quién lo estaban haciendo, de lleno y de henchido la recordaba porque se había quedado con ella, con la virginidad de ella, con el odio y el celo de los padres, con el olor de ella, con sus secretos más caros que compartieron hasta que comenzaron a llegar las niñas y con la cigüeña que hizo que su vida por entonces también fuera de colores, cuidando de la familia, cogiendo como un adulto a toda hora y sufriendo en cada parto de colores, rosa en los tres casos. De colores su vida, le había hablado a su mujer de las cuestiones de la parroquia, de la misericordia de la generosidad hacia los hermanos con menos recursos, a la actividad que debía llevar y que su jefe le había comentado que si quería progresar en su trabajo debía concurrir a las reuniones carismáticas, a la cofradía de colores, a la congregación selectiva de fieles leales aunque sonara a condescendencia, a la corporación de elegidos no por dios solamente sino también por algunos de sus representantes como por el administrador de la empresa entre otros, a la hermandad de matrimonios misericordiosos. Pero él también se ponía a orar por la serenidad para soportar los ataques los embates de quienes no lo interpretaban o no los interpretaban en sus iniciativas que al final de cuentas beneficiaban a toda la comunidad como los decían los curas carismáticos un intermedio entre el viejo curita del pueblo y un cura comulgando con las declaraciones de algo que llamaban concilio vaticano segundo.
De todos los colores el color de la valija que el chabón lleva para todos lados, la saca poco del baúl del auto cuando anda en auto la limpia poco cuando se le da por pasarle un trapo por afuera, patrullando con sol haciendo los recorridos con lluvia en rondas de noche y vigilias de día, como si fuera un mariachi lidiando y paseando engreído por adelante de una mafia que no es la mafia sino una forma de decirlo solamente, a es grupo de mujeres solitarias somnolientas aburridas angustiadas y calientes que se le ponen delante a él como a todos los hombres que pasan por esos lugares por los que caminan y pasean desde las ocho de la noche hasta la una de la mañana, un lugar igual a otros lugares que son comunes, que son la calle, una vereda, la cabecera de un parque o una plaza, una costanera las colinas de un cerro, pero que en el mundillo se sabe que son la arena para el levante, su levante el de él que anda bregando con esa mafia particular de su mundo armado a su manera y a espaldas de los suyos que quedan en su casa, y de las armas adentro del maletín, haciendo el chabón puntual el recorrido caminando, en auto moto o lo que necesitara, y aparejos que se tiene en el momento cuando se sale al enganche no es cuestión de andar perdiendo tiempos, maleta violeta si hay que describirla con un solo color y sin verla, pero sin armas ni cortas ni largas por lo menos esas armas que son conocidas y para matar, porque son otros los adminículos los que a él le sirven cada uno a un fin de todas las cosas que están adentro de todos los colores si se las tiene cerca de las mujeres son como si fueran armas efectivas para que ellas sientan se enrosquen se les ponga la piel de gallina y griten pidiendo más o pidiendo de una vez por todas que se las ponga como sólo él sabe ponerla, es que el chabón se compró la valija en la verbena de los bolivianos en ese mercado que algunos critican diciendo que es allí donde lo barato sale caro, en esa feria en la que pintan todo de verde amarillo y rojo como para que nadie se olvide de qué color es la bandera de ese país de Bolívar y de Sucre, en esa quermese permanente donde todo es trucho hasta las toallas y que hace hocicar a cualquier comerciante de los que pagan impuestos. El chabón despabilado de las fiacas que a veces lo atacan cuando se pone en esos menesteres de la conquista de convencer a lamina primero de que se bañe y luego que se someta a todas las pruebas que él meticulosamente dispone y le irá proponiendo con todo el tiempo del mundo para la ocasión, por eso hace un inventario de las cosas a cada rato como parte de esa atrevida liturgia, liturgia de apóstata de narciso desobediente, de todos los colores son los elementos que lleva dentro de la valija, esferitas de todos los tamaños y de plástico duro que él irá utilizando cuando lo vaya considerando procedente, él sabe medir cada momento de placer cada instante los orgasmos interminables, lleva porongas de siliconas de diferentes tamaños que blandirá en sus manos como si fueran cuchillos de asesino pero sólo para que ellas sientan más el efecto cuando les venga el cosquilleo o cuando se las vaya pasando despacio por la ranura del culo, y toscos consoladores sin vibración que él sabe utilizar porque así como guarda cada cosa guarda los catálogos que compra en la galería que él conoce y hay guillados dos o tres lugares donde venden estos aparatos que hacen que ellas se corran interminables veces continuas veces que las colma de satisfacción y desgastes físicos que les encanta, vibradores varios que probará en cuanta geografía femenina tenga disponible cuando haga sus pescas semanales y que probará con los cimbreos que vaya detectando para llegar con la ayuda y la asistencia necesaria, cadenas de aluminio que esposan a la dama o al caballero por el mismo precio eso depende de los códigos que se vayan acordando por lo general en las calenturas son ellas las que o piden situaciones de sometimiento todo el tiempo olvidando si después en la racionalidad defienden el feminismo y todas la reivindicaciones femeninas, guantes de látex y tetas de texturas diferentes de posibilidades de juguetes diferentes que se encuentran en las tiendas que visita, dos o tres disfraces para mujeres, caperucita con una faldita roja que deja mostrando una bombachita muy chiquita y también roja la mujer maravilla que oh! casualidad también tiene una faldita para el caso azul pero igualmente súper corta, disfraces que sugieren y que son los que caben en la valija que en realidad lo cierto es que caben como diez cuando se trata sólo de ropa, bombachitas beibidoles capas corpiños y no de otros elementos. Adentro de la valija que lleva en cada uno de sus viajes por el placer la perversión manejada por él, un verdadero sex shop al alcance de sus manos él chamuya, envidiando a los mancebos que a veces se interponen en su camino tranquilo, ellos tienen lo que él no tiene pero de estas cuestiones en las que es un sabio él los aventaja y tiene lo que ellos no tienen, es avaro sólo cuando percibe que le están pidiendo dinero por lo que no hacen por alguno de los servicios no prestados sino no escatima esos que él ya sabe para qué ahorrar si uno no se lleva nada. En esto viajes de colores el chabón se da ciertos gustos gastronómicos como le encanta llamarlos comiendo y tomando hasta el cansancio después de largas jornadas de lujuria y placeres que cada vez lo satisfacen y él los hace más difíciles como la última vez que le sugirió a alguna de las damas traerse una acompañante como para probar por dos lados, cuando las cosas no le salen el chabón se molesta , y ahí hace tronar el escarmiento renegando y maldiciendo todo lo que puede.

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