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Saturday, March 10, 2007

cada carancho a su rancho

Cabrera la Cabrera con los problemas que se le amontonan y con las cabriolas del cabrón de Ernesto entregó el turno a las cinco en punto.
El horno no está para bollos, no sabe nada de gallito y a pesar que trata de evitarlo culpa de él anda con el Jesús en la boca.
Así, cabrera y nerviosa dejó la posta y se rajó. Fue la primera vez que lo hizo en veinte años de trabajo, y justo en la guardia en que la turba la deja turulata de tanto ir y venir por los pasillos asistiendo a media docena de médicos sobrepasados de tareas con el puje que te puje que tantos niños deja en este mundo y ocupados con los ay ay y lamentos que hay por las fiebres que no se atienden en la antipalúdica. Apurada en apurarse para ver a Don Luis y en no toparse a cada rato con el pesado de Ernesto que la terminó de sacar de las casillas durante toda la noche, se contrarió con el tic tic de la alarma de su reloj a las cinco y cinco, cuando pisaba el primer escalón de las cinco gradas de cerámico color granate en la salida del hospital de la empresa, uf hizo iracunda y ansiosa y nerviosa, novedosas y odiosas reacciones para ella que sabe ser tan medida y moderada, en su trabajo y en sus modales y en sus ademanes. Tanto cinco se le prendió como una lamparita en el cerebro, y pensó en contárselo más tarde al marido para que antes del cierre le juegue a la tómbola en esa mañana que se presenta como húmeda y sofocante en esta cuaresma.
Impaciente con el tiempo esta vez y como nunca, a la enjundia de su enjuto enjuague con la profesión que ama, la utilizó para despegarse sin medias tintas de la floja diatriba de su compañero de la vuelta carnero, y para salir más que corriendo a buscar a Don. Luis en su casa. Está molesta, preocupada y ansiosa.
Cabrera está también, con todos los cabrones que le dieron durante toda la noche confirmando rumores, novedad en verdad nada la cuestión está podrida y la gente harta de las persecuciones del brujo bruno y bruñido, los aumentos en el precio de la carne y en el precio de los alquileres que son los que a ella más la tocan, cabrera está con los chantas de esa radio que enciende cada noche para escuchar los boleros de los panchos que la emisora pone al aire puntualmente, como ella los escucha aun con las interrupciones que hace por los alumbramientos y las hipotermias, esa noche de todas las últimas noches de trabajo y de descanso, estos cabritos de la manada de cabrones se la pasaron con los líos en Buenos Aires y con las canciones de Leo Dan y Palito como si el cambio de música no les importara para nada.
Pero con Don Luis nada de cabrera, ni cabreadas, ni de cabrona, ni de apuros, ni de apremios, comenzó como a sentir la obligación de tranquilizarse en algún punto del trayecto, para llegar como se debe a la casa de ese señor tan comedido que le da más de una mano con sus consejos y sus atenciones a los niños de sus amigas más pobres.
Ayer nomás la aconsejaba para que le mandara una carta a gallito diciéndole que se ocupe primero de dar las materias de ingreso en derecho y después de asistir a esas reuniones que hacen para hablar del manifiesto y de la explotación del hombre por el hombre, que si esto está bien porque se trata de ideales y cuando se es joven hay que tenerlos, lo más importante es luchar por la vida trajinando con la vida cuando a uno no le sobra un centavo en la vida le dijo Don Luis que sabe también de estas cosas y que encima le encantan las rimas. Como siempre ella le obedeció, después de todo al correo lo tiene en casa y quiere saber novedades de ese gallito que no las da y andará como siempre con su mala costumbre de garronear todo lo que puede en la casa de sus amigos.
Ayer nomás, la había sacado de un compromiso atendiendo al niño de una de sus comadres, aliviándole una diarrea a cambio de dos gallinas que la señora dejó a cuenta de la consulta, la que venía aumentando más que la carne porque él será predispuesto y preciso con el diagnóstico y la curación de lo que duele, pero nada tonto al momento de cobrar sus honorarios, lo que para alguna gente significa que además de los dolores en serio le duela el bolsillo.
Cómo cabrearse con un tipo así esbozó la Cabrera en medio de un suspiro, si es tan bueno que cuando la atienda a esta hora en la madrugada la escuchará paciente y respetuoso como siempre, como si nada con todos los problemas que tiene. Así fue su pronóstico y así fue como el Don Luis la atendiera.
Cuando por fin llegó ahí estaba, imponente su figura en el cuadrante de la puerta y dibujado su contorno voluminoso, casi un rectángulo de grasa carne y hueso, en el contraste entre la luz tenue de un foco a punto de quemarse y la vigorosa luz del amanecer que es más fuerte que la del foco. Implacable, impecable, imperturbable, parsimonioso y entero, aunque para una opinión que no daría la Cabrera estuviera un poco despeinado y sin la estampa que le da el uniforme blanco con el que siempre anda y a esa hora reemplazado por un piyama con ridículos dibujos y rayas.
Animada, verbal y verbosa como si estuviera en una verbena, y verborrágica la Cabrera se animó a comenzar con sus vaticinios.
Que ella le pide que no vaya más por la muni, que vino nada más que para decirle que a las cuatro de la mañana escuchó a un tipo que decía por radio que se comunica a la población que a partir de la fecha el país se encuentra bajo el control operacional de la junta, que no entiende nada lo de operacional ni lo de junta, pero sí que si hay papeles para firmar, que dé las órdenes o lo que fuera que le pida a sus ayudantes, que para eso están ellos para hacer lo que deben hacer cuando él se ausenta, que sería mejor que se quedara por ahora en su casa que no renuncie pero que no diga nada, que ayer vinieron de parte de Melitón que hace como dos meses mueve los hilos desde Bolivia, diciendo que en los próximos dos días los generales que dicen los de la radio son tres, o cinco o dos esto importa menos que los números que se registran esta mañana para acordarse y decirle al marido que le juegue uno a la cabeza y los otros a los diez, ha venido con la novedad que los milicos estarán por todos lados cuando menos nos demos cuenta por lo que comentaron los compañeros del sindicato, que quieren meter las narices en todo y si es así hay que pensar que también en la municipalidad, que quiere decir que ellos seguirán con todo lo que haya quedado pendiente, y que se comenta que despedirán gente porque están como enojados con los civiles que fueron a pedirle ayuda a los cuarteles, como antes Don Luis como hace unos años y lo vienen haciendo los de su partido los de las boinas blancas y también algunos perucas o los políticos al final de cuentas , tal vez los militares paren un poco el descontrol que venimos hablando como esto de no saber de mi hijo en dos meses en el jardín de la república que es un jardín que se ha podrido, que a lo mejor ahora todo vuelve a la normalidad con el machaque en la radio que me embromó los boleros, diciendo a cada rato que recomiendan que se obedezcan las disposiciones y directivas que se escuchen de autoridad militar, policial y que no renieguen más como esos peronistas de la izquierda que lo quisieron involucrar con los zurdos. Que aunque por estos lados no pasa nada o a veces pasa como cuando a Ud. lo molestaron, y además decían de evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica de las fuerzas armadas, se debe cuidar por el bien de todos nosotros que lo queremos y lo vamos a defender como cuando nos defiende de las enfermedades, porque en una de esas si se descuida, lo llevarán y lo demorarán para preguntarle de porqué los molesta a los Sacarozábal cobrándoles impuestos municipales siendo que ellos mantienen abiertas las fábricas de las que vive la gente en el pueblo. Ellos no lo entenderán posiblemente, pero sin volver por allá si Ud. les dice que antes de intendente Ud. es importante para la mayoría de los niños del pueblo y que sabe bien cuáles son las cosas que enferman, como las que provocan sarpullidos y alergia por estos lados tal vez lo dejen tranquilo, y mejor que no se enteren qué opina de las otras esas de las que hablamos las enfermedades de la pobreza y el hambre. Que le pide que se cuide, y más de los buchones, como el Ernesto que Ud. tiene de amigo como es amigo de todos pero en realidad no se casa con nadie, y al que lo han visto frecuentando reuniones de hombres que reniegan y se quejan del gobierno, de la debilidad de la mujer y de la influencia del monje negro, o blanco o gris porque una no sabe de esas cosas, y como Ud. sabe se anda dando vueltas como una tortilla, que anoche nomás andaba por los pasillos diciéndole a quien lo quisiera escuchar que ya era hora que alguien se ocupara un poco de poner orden en las calles y en los boliches y en todos lados, como panqueque en la sartén cambiando y diciendo, que al final nunca se sabe para que lado dispara porque si bien es un negro como nosotros siempre caga más arriba de lo que debe y parece que quiere congraciarse con los que mandan, de un lado o del otro, que anoche ella le comentó que lo vería y ahí nomás le contestó que no se meta con lo que no le importa, pero que como ella lo aprecia a Ud. y encima estamos en tiempo de la pasión de nuestro señor Jesucristo, ella no quiere abandonarlo como lo abandonaron esos brutos y cabrones, carneros que dejaron al señor solo en el monte de los olivos cuando más necesitaba que lo defiendan. Que ella se irá enseguida para hablar con su amigo el padre Martínez, para que lo aconseje sobre los pasos a seguir para que no sufra represalias en caso de que se armen los líos. Que ella leyó su horóscopo Dr., esta mañana y no lo entendió nada porque dice algo así de precisiones acerca de gustos que muestran ideas ocultas, pero de lo que está segura es que se debe cuidar, mire que ya lo estuvieron persiguiendo y no falta los que andan por ahí aumentando los defectos de uno.
Cuando terminó la Cabrera se dio cuenta que no estaba más cabrera, pero también que con su locuacidad puso a prueba máxima la paciencia, y la magnanimidad de ese amigo y compañero de trabajo de muchos años.
Cabrera se puso la cabrera de nuevo, a los treinta días de ese miércoles bochornoso, el día que se enteró que los militares se habían llevado a Don Luis y no lo volvió a ver más.
Ufa hizo desconsolada, desolada, desengañada, al final se fue como vino y anduvo, en silencio, sin hacer barullos, como si se lo hubiera tragado la tierra.

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