no sé si fueran guacamayos, pero la tarde del accidente los graznidos en la bandada parecían más fuertes y más intensos que las veces anteriores, por lo menos eran chilladas diferentes y entre las diferentes se me puso que había chilladas que no eran propias de los loros que, ajenos al comapañero quese desangraba de un tiro que le atravesó la pierna, como nosotros que mirábamos al cielo, algunos para cazar loros, y otros de prematuros poetas, cretinos todos, seguían al margen de otras vidas que no fueran las propias,
no sé si fueran guacamayos, o papagayos, esas aves coloridas filtradas entre los loros, pero ese día en realidad, fueron pájaros de mal aguero....
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