cronopios: December 2005
Pida aquí un veraz.
“Pero el lector sabe que no puede decir lo mismo del prestigio que tienen
las instituciones jurídicas, políticas y económicas argentinas. Que la calidad de estas es insuficiente.” (R. Cachanosky, La Nación del 18 de diciembre d e2005)
“... comenzar a fijar reglas con mayor valor institucional que los discursos y en definitiva políticas que tengan permanencia en el tiempo, precisando costos y beneficios”. (N. Scibona, La Nación del 18 de diciembre de 2005)
Decimos, esa persona es una institución, cuando queremos denotar su representación, cuando esa representación está fundada en algo o establecida en función de. Usamos el término y a veces, como referencia a una opinión o a una investidura estándar, a una facultad, al atributo de un individuo o de una entidad que constituyen algo más significante que un promedio. Ejemplo: Fulano de Tal, presidente de la Federación de Entidades Productivas, es toda una institución, y con esto queremos decir hace mucho que está, hizo su trabajo superando el promedio, e inferimos que todo eso lo hace representante genuino, con todo el poder de la redundancia, y referencia inevitable de sus representados, o de los que no siéndolo suscriben a la estandarización señalada.
Decimos, comúnmente que el estado la institución de poder y administración social protege a los consumidores otra institución, la que aglutina toda la gradación social en el universo de las unidades económicas que operan en un sistema, o que monitorea a las empresas la institución productiva o la que distribuye los bienes y servicios que con frecuencia muestran comportamientos de monopolio o de oligopolios, casi nunca normales si así puede expresarse a lo que esperamos, o cercanos a la competencia perfecta que casi no existe en propiedad en el contexto argentino o en cualquier otro contexto.
Decimos, que una Asociación de Empresarios es una institución, gremial o de formación por ejemplo, en la que a veces se observan comportamientos de reticencia o resistencia a disminuir el margen de ganancia o por mencionarlo con un sinónimo el instituto empresario sobresaliente que resume la esencia o naturaleza del ente, como resguardo a un posible incremento de la tasa de interés promedio y de mercado, instituto monetario, y decimos que a su vez esto afecta a la unidad o a la institución consumo, que en su aspecto de los salarios puede verse beneficiada o perjudicada con lo que pase además con el nivel institucional del sector externo, en donde el tipo de cambio instituto monetario o financiero, o el financiamiento internacional del proceso económico argentino, es el estándar de referencia de las políticas públicas.
Pensamos, en todas estas situaciones como si contuvieran rasgos indelebles de la significación etimológica de los conceptos analizados, olvidando u omitiendo entonces, algunas de sus otras connotaciones que no son menos importantes.
Por eso decimos también cuando nos acordamos o nos damos con un caso no pocas veces, que en algunas oportunidades las instituciones fallan en teoría económica se habla de fallas de mercado, y en ese caso hablamos de un perfecto cambalache, de conceptos, de interpretaciones, de acciones, de un cortocircuito en el nivel del rol o del comportamiento de las unidades económicas, para reparar lo cual no sugiere nada el diccionario, como tampoco dice el diccionario nada que nos permita afirmar que las instituciones, o institutos, deben ser virtuosos o viciosos, lo que lleva a inferir que es posible en absoluto la institucionalización de la trampa, o que se utilizan institutos apócrifos para resolver cuestiones en la informalidad o el mercado negro para decirlo en forma menos grosera y más práctica. Luego, también se institucionaliza el delito, sea político, económico o aún jurídico aunque suene a contradicción.
Ejemplo de estandarización no deseada, uno de los tantos que se pueden dar del descalabro institucional que nos caracteriza, el entorno del informe veraz y del instituto del habeas data ley 25326, que a su vez son partes de la institución jurídica, definido en un entramado similar al de las piezas de dominó, en una cadena de causas y efectos para la que el todo es mayor a la suma de las partes, que tiene que ver con el proceso económico, por citar también un ejemplo puntual. Según esa ley, que presuntamente se pensó para proteger la privacidad de la gente, nadie puede estar en la base de datos de uso comercial en su origen, por más de cinco años sin resolución de la controversia de procedencia, por más de dos años con resolución, aunque las listas negras se amontonan y perpetúan incluso con la cancelación de la deuda, conformando la cuestionable información de ese organismo misterioso que parece habitar en el éter de lo inmaculado si se parte del escaso interés gubernamental por su seguimiento, con la honrosa excepción de Travieso en la Dirección de Protección de Datos Personales. Lapsos de prescripciones que no se cumplen siempre o se cumplen en forma compulsiva cuando los abogados interponen sus conocidos recursos de amparo o un “hack” nos borra de un plumazo de la base por la módica suma de mil pesos. Mientras tanto se puede pedir un informe de cualquiera basta con dar el número de documento en cualquier telecentro, basta con estar abonado si se es muy morboso, basta con tener poco más poco menos de 10$ si se es un maligno pidiendo la información de terceros por otros motivos inconfesables o un damnificado resignado.
Cuando lo institucional o el instituto debería ser la bisagra de la organización social y económica, y en este tipo de escenario o similares que hay unos cuantos no lo es, el tamiz con el que se purifica y recicla la democracia, los institutos deberían ser los instrumentos para consolidar y mejorar la organización, si ellos no funcionan o funcionan por defecto se genera un círculo vicioso en el sistema, exponiéndolo a una profundización de sus desequilibrios. No hay en el proceso social y económico, equilibrios posibles, sin su mejoramiento institucional, si no se consiguen antes instituciones ciertamente equilibradas, por eso este problema para nosotros es bastante más serio de lo que parece, la madurez y el equilibrio institucional virtuoso no se logra por decretos o voluntad, se logra por amplios y efectivos consensos, el sinceramiento social y la imparcialidad.
Dejamos para el después del después las respuestas a las preguntas de quién es en verdad veraz, si un señor o una organización innominada como se precia, la institución o el instituto, que detenta el beneficio de la privacidad y el de las cuantiosas ganancias negados al ciudadano común, beneficios de los oscuros de la oscuridad en que opera, a la pregunta de quién es ese que castiga con la misma celeridad con la que premia cuando en épocas de bonanza o de propia necesidad autoriza carnavales comerciales o financieros con veraz o sin veraz, como si se tratara de clones defectuosos de la informatización desplegada bajo su forma de complementaria en país subdesarrollado con un sistema bancario argentino calificado internacionalmente con “Caa2” – capacidad para cumplir y “E” - cumplimiento, esto es de terror, en el que aún resarciendo el deudor sus compromisos se perpetúa en el informe por las dudas. Porque en realidad no importa el quién, sino el qué hace y cómo caracterizados por su deficiencia para corregir desvíos del sistema o encauzar ríos revueltos donde hay ganancias sólo para algunos pescadores.
Aprendemos desde niños lecciones de vida a propósito, antes de ser doctor es mejor ser señor, que podría adecuarse en comentarios como este, antes que el doctor con tarjetas o créditos el señor de contado, pobre o indigente, o que una excepción nunca hace a una regla, que alguien puede haberse equivocado y aún no haber cumplido con algún compromiso pero que por eso no puede ser crucificado por abogados y jueces en el calvario de las leyes que se escriben y no se cumplen.
Pensamos, como inmaculados mascullados y prolijos que somos o que creemos que somos en oportunidades, que de este tema no debemos hablar en público, que debemos hacerlo en privado y en ámbitos secretos de concisos, conocidos y prolijos, apenas si lo hacemos motivos de patrañas cuando no están presentes los informados, pensamos que frases tan espectaculares y efectivas enunciados que nos distinguen a los argentinos de las demás especies del mundo confirman nuestra preclara formación para hacer daño al prójimo sin preguntarle nada por saña por encono por resentimiento y para matarlo antes mucho antes que Dios lo disponga, aunque justifiquemos que la muerte civil es mucho más benigna que la otra, esa que nos hace a todos uniformes, iguales al que no pagó la cuota de una plancha y el que le hizo jajá al banco por un palo.
Gestione su tarjeta o pida sus créditos al banco, son anuncios que conocemos en la abundancia, cuando el anuncio ya clásico de nuestras épocas de escasez es pida aquí un veraz, aquí, justo aquí, donde contamos con lujos de detalles las miserias de nuestra unidades económicas, las de algunas, no las de todas.
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