DONDE
EL CIELO SE TOCA CON LAS MANOS. Mario Paz.
Cuando
sopla el viento del sol, inti huayra la mitad del año de carnavales la otra
mitad atendiendo a las niñas, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del
negro, del rojo al negro le contesta la mujer a la abadesa, no se puede estar
bien con dios y con el diablo le dice la hermanita en estas fiestas de fastos y
de nefastos y le pide que la ayude para hablar con los caciques, y se persigna
que es lo mismo que hace cada vez rezando a la virgencita que está en el cielo
que está en los cielos para que ellos sepan que les agradece en estas fiestas
de faustos y de infaustos que caminan por la tierra allá arriba como a cuatro
mil metros de altura, no las fiestas que ella no las quiere sino la alegría del
día la paz de la noche el pan de cada día y la salud y todo eso le va contando,
cuando les agradece todo eso y les agradece que además esas bestias que andan
de tranca en tranca como cinco meses esos rústicos chiquititos pero forzudos no
se las pasen por las armas, porque ellos no le hacen asco a nada wachuy wachuy
fornicando lo que encuentran, diga que algo la respetan porque es monjita, y
ellos son buenos pero cuando se pierden se pierden allá en la tierra cerca del
cielo allá en medio del desierto de los salares entre los médanos en los
arenales, brutos borrachos querendones y alzados que la quieren pero a los que
ella no les da confianza porque si les da la mano le toman el codo, no se puede
estar bien con el dios y con el diablo y con los diablillos y con los diablitos
con dios y con los compadres le contesta la chollita de polleras cortitas y tablitas
de colores, acusando recibo del pedido dándose por informada, ropas en alpacas
tejidas de lanas y con hilos y trapos del San Antonio, como agregando como sumando
ellas bien los conocen como todos conocen a la pachamama chachay pupusa por la
apacheta comida y ropa, mitad del año entre el cielo y el infierno mitad del
año en esta tierra, esa diosa que bendice y engendra todo al mismo tiempo, le
contesta la coya de falditas cortas la coyita de las ushutitas trenzadas como
las trenzas de su cabello trenzado como se trenzan los diablos y compadres de
porquería que andan empinados con litros y litros de chicha que le meten todo
el tiempo, chayando todo el tiempo en estas fiestas mojando al que pasa como si fueran curitas y
estuvieran bendiciendo hermanita, salpicando agüita y chicha para todos los
costados, cuando saben bien que si están ellas son ellas las que deben hacerlo y
las otras hermanitas es porque no hay curas cerca y entonces que no se
envalentonen, cantando cholita porque el trabajo es pesado y hay que andar
descansando, del arranque de las cosechas que se acaban reponiendo energías
para las cosechas que vienen y otras que terminan de ajíes tomates y de papas y
de mandiocas y zapallitos caminando en los alfalfares recogiendo el maíz para
la olla, porque vienen todos de todos lados en el carnaval este que dura más
que en otros lados, turistas autoridades los que vienen de los pueblitos de la
puna y cercanos, carnavales desde el primer día de un agosto de sahumadas de
olorosas fragancias y de vientos en lo más alto de esos andes ese nevado y las
cumbres de navaja y blanca que están cerca, carnavales que van hasta el
miércoles de cenizas si no es un poco más que es cuando más estas bestias andan
persiguiendo a las chinitas gritando de carne somos de carne seremos, cuando lo
somos de polvo cholita de polvo somos y al polvo volvemos dice la hermanita, para
pedirle que pare con las angustias y el llanto y los reclamos y que hable con
ellos para que paren, que ellas están para esto justo para ayudarlas como las
ayudaría un curita en las mismas circunstancias de las misioneras de Jesús
verbo y víctima, que la coyita los conoce bien a varios y conoce todo lo de
estos calentones que las persiguen a las niñas apenas cumplen doce años por
todos los rincones de las casas con el visto bueno de los caciques por todos
los rincones posibles del monte en las laderas y en los cardales y les quitan
la virginidad como si les quitaran un juguete waxchilas waxchilas para ellas
nada cenicientas para ellas todo y promiscuos se lo hacen una y otra vez se les
abalanzan en el pueblo de la pata del gallo en el poblado del duende en el
salar del pocito y después ellas, hermanita ellas las cholitas madres muchas de
ellas de las mismas mancilladas princesas, tienen unos meses para recuperarlas
y otros meses para que las niñas tengan un parto respetable, la mitad del año
estando de carnavales la otra mitad atendiendo a las niñas ellas después andarán
diciendo que las embaraza el diablo pero ellas bien saben que son estos vivos
hijos de sus madres que ni cirviñacus aceptan, pero que son los diablillos los
caporales que borrachos las persiguen las corren hasta que se desmayan de beodos
mojados y transpirados, mientras pasan las comparsas y se enganchan y se
disfrazan, la mitad del año estando de carnavales la otra mitad atendiendo a
las niñas, niñas que se asustan consienten les gusta se ponen tristes, de
blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro, del rojo al negro le
contesta la mujer a la abadesa pensando en los dolores en los desangres,
meciendo a las niñas que primero allá en esa tierra de desenfrenos en el
manantial del silencio donde se pierde el sol y el cielo lloran doloridas y
desconsoladas y después andan arreglando sus enaguas cargando a sus guaguas, la
hermanita pide y la coyita le agradece y ninguna sabe si la otra hace lo que le
pide o hizo lo que la otra agradece, lleno el tráfico en esos carnavales largos
en todos esos meses que en el mejor de los casos terminan el día de las cenizas
al viento de esos ramos que las hermanitas reparten el domingo de pascuas guardados
todo un año, de blanco a negro le dice la monja a la mujer del negro preparadas
para lo que viene de atender a las alegres mocitas que habrán sido de lo
alegres que habrán de ser con el sonar de las cajas y las coplas del ardiente
corazón, no se puede estar bien con dios y con el diablo dice la hermanita a la
coyita que ella tiene que hablar con los caciques antisuyo de las comadres
trenzadas con las copleras que mire que los turistas vienen y filman y entonces
que les pida encarecidamente que sean más buenos menos bestias porque cuando
están cuerdos parece que se olvidan se comporten mejor allá, justo allá donde
el cielo se toca con las manos.
Buenos
Aires, 2012.-
