
Giros. Las vueltas de todos en la casa para el baile del doce de octubre en el centro recreativo empiezan como a las cuatro de la tarde con las vueltas de la señora en la peluquería, iguales a las vueltas entrada la madrugada de los bailarines en la pista los que están siempre de los que no se salen de esa marca de los que entran de los que salen en parejas desparejas y desparpajos de bailarines muy campantes, algunos viven y otros mueren en esas horas y todos los demás en sus horas ajustando sus itinerarios a ese programa en giros en los que desaparece la maga como arte de magia y entonces el señor se enoja porque no hay quien los sirva por la casa y la señora porque no es la criada de nadie, esa hechicera que se encarga de darle con los gustos a todos especialmente a sus crías y encima de amortiguar las renegadas los llamados de atención y las penitencias que se cruzan entre los niños el señor y las dos niñeras que esperan también desesperadas las horas esas del baile el mismo momento cuando alguno hará una señal para que la orquesta largue interpretando sus partituras esa orquesta que paga la empresa porque son muchos músicos y no alcanza con la recaudación de las entradas para pagarles, horas de su descanso que las niñas esperan para verse con sus pretendientes, que son un poco más que eso por las manos y los abrazos que según los chismosos del pueblo meten por todos lados dos confianzudos que se animan a llegar sin que el viejo los vea porque no tienen sus permisos. Las vueltas de todos en la casa las rotaciones para el baile siguen como a las cinco de tarde cuando con la mamá de nuevo en la casa hay que empezar con las tareas de bañar a los gurruminos, con los rodeos que no dejan de dar todos por esos niños que no se quedan quietos porque decir que hacen travesuras es muy elegante para los desbarajustes que arman así se vayan en atenciones con ellos promesas verdaderas o falsas que se les hacen para asegurar el aseo hasta las nueve de la noche, la hora en que la gente como ellos comienza puntual como si se tratara de una procesión a llegar al club para ganar las mejores ubicaciones de las mesas que permitan ver a la orquesta escuchar perfectamente las interpretaciones y tener la pista del baile ahí cerca para comenzar cuando se quiera, que parece que es lo que todos buscan como si no se pudieran poner de acuerdo y organizarse entre ellos. Las vueltas de todos en la casa y de todos en el pueblo para el baile del doce de octubre comienzan al otro día del último baile porque como a las tres de la mañana las parejas salen muy entusiasmadas y entonces los niños cansados de los destrozos que se mandaron sucios y malhumorados se van a dormir sin chistar y después de nueve meses comienzan a verse los resultados de ese entusiasmo de los varones y las mujeres después de danzar hasta que desfallecen, cerca ya del próximo baile del próximo doce de octubre de otro año y así por años aparecen los bebé a cuenta de los que parten como si nunca se acabara y para el que hay que arreglar todos los detalles, cada uno se siente una parte de este importante baile, porque el pueblo entero se descuelga adonde sea y entonces es un puterío de puta madre con los empleados ganándose las mejores ubicaciones porque seguro que pueden dar propinas interesantes a los mozos que no tienen consideración de nadie venga en nombre de quien vengan, se cagan en los obreros y en las comadres que les ruegan por lugares desde los que puedan vizcachear lo que saben y lo que no saben de las patrañas en el pueblo, pero así y todo con todos dando vueltas alrededor de esa pista donde las parejas empiezan y terminan sus pasodobles, sus tarantelas y tangos que encara Jorge Ardú y su increíble orquesta típica y de Jazz, zamba rumba y mambo, todos van y vienen cada año para no perderse nada. Las vueltas de cada uno de las docenas de tipos felices que viven por allá para el baile del doce de octubre comienzan y terminan con las vueltas de esa pareja de la señora con el señor mientras los niños están jugando la yunta que dando vueltas y vueltas a la pista sale de un punto para regresar al mismo punto como si fuera una obligación de apretarse de hablarse de bailar muy juntitos entre ellos que es cuando comienzan a sentir otras ganas que empiezan con ese floreo, con los volteos de la señora y del señor entre los que si es por el baile hay tanto enlace que no hay ni un sí ni un no para ponerse de acuerdo aunque los chismosos anden desparramando otras cosas.
Muy lindo ...! Para compartir con la flia.
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